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La Forja de un Rebelde

Portada del libro.
Esta semana terminé de leerme esta trilogía, compuesta en realidad por tres libros: La Forja, La Ruta y la Llama; son tres novelas autobiográficas del autor, Arturo Barea. Publicados inicialmente en 1941, 1943 y 1946 respectivamente, cada uno cuenta la vida del autor en diferentes etapas de su vida.
La Forja cuenta su difícil infancia en casa de una viuda, lavandera, y que es apadrinado por su tío, que trabajando en el Ministerio de la Guerra, permite que estudie en un colegio religioso, las Escuelas Pías de San Fernando en su barrio, Lavapies. Los veranos los pasaba entre los pueblos de su padre y su madre: Brunete y Méntrida; veraneos de campo, de convivencia con sus primos y travesuras.
A los 13 años muere su tío, y al quedar desamparado deja los estudios, para evitar involucrarse más con los Escolapios, comienza a trabajar de aprendiz de dependiente en una tienda de textiles, para luego entrar en un banco, donde comienza a labrarse un futuro; aunque siempre desde su perspectiva socialista (se llegó a afiliar a la UGT trabajando en el banco), haciendo una descripción vívida y fiel de sus compañeros, amigos, e incluso de las acciones cotidianas; acciones que ya han pasado a la historia como hacer fotocopias con tecnología de los 10 del siglo XX.
El segundo volúmen es la Ruta, donde ya vemos al autor enrolado en el ejército y destinado en Marruecos; en un principio asignado a la construcción de una carretera, donde toma su contacto con la corrupción imperante en el ejército español de la época, su visita a burdeles, sus contactos con el Desastre de Anual; los cadáveres insepultos y profanados, y la enfermedad que le lleva varios meses al hospital y le permite un pequeño permiso para regresar a la península; antes de volver el tercer y su último año de servicio militar. Un relato desgarrador de la guerra de Marruecos de los años 20. Al volver a la península, el autor comienza a trabajar en Guadalajara en una oficina técnica de motores (Quizás ligada también a la fábrica de la Hispano Suiza).
En el tercer libro, La Llama, vemos al autor ya trabajando como responsable de una oficina de patentes en Madrid, en la época de la II República; con buena posición, encerrado en un matrimonio vacío, con su amante, y donde tiene contacto con industriales y extranjeros donde se va palpando poco a poco el ambiente de pre-guerra que ya imperaba en Europa; hasta que un buen día estalla la rebelión del ejército en Marruecos; Arturo Barea sigue yendo a la oficina periódicamente para evitar que se la incautaran los milicianos; hasta que por una carambola del destino es asignado a la oficina de censura de la prensa del Ministerior, donde comienza a trabajar en el Edificio de la Telefónica en contacto con los periodistas extranjeros, donde conoce a una austriaca, Ilse Kulcsar, lo que produjo el divorcio de su primera esposa; juntos trabajan como pueden dentro de los desórdenes propios de la Guerra Civil; estando en primera línea de frente, sufren numerosos bombardeos y caídas de obuses, y viajes continuos a Valencia, donde se encontraba el gobierno para coordinar sus actividades, pese a las rencillas entre las diferentes facciones del gobierno republicano: socialistas, anarquistas, comunistas, etc.
Hasta que finalmente Arturo Barea se exilia en Francia, huyendo del descalabro militar de la República y de sus propios jefes y compañeros de trabajo.
Muy condicionado por su pensamiento socialista, esta trilogía es un relato de primera mano del primer tercio del siglo XX, donde se pueden aprender el ambiente que se vivía en el país; aunque siempre desde la perspectiva del autor, de claro pensamiento socialista, y quizás algo falto de autocrítica; hacia sus propios errores y fallos. La burguesía, el ejército y la iglesia son los grandes señalados en estos libros, sin cargar nunca contra los propios sindicatos y partidos.

Castillo de Gaillard

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Saliendo de Giverny y buscando la ciudad de Ruan, nuestro destino final del día, donde teníamos el Hotel, con la ayuda de la guía encontramos un punto intermedio donde parar del viaje: El Castillo de Gaillard, o mejor dicho sus ruinas, en el municipio de «Les_Andelys«.
Al aproximarnos al castillo había un pequeño parking donde dejamos el coche y tuvimos que andar un rato hasta llegar a él; en una pequeña colina cubierta de hierba aprovechamos para hacer una pequeña parada y disfrutar del paisaje: Las ruinas del castillo, el Río Sena, el pueblo, presidido por su iglesia gótica y un bello sanatorio del siglo XVIII con una espectacular cúpula.
Después de tomar un respiro, continuamos andando, cerro arriba, cerro abajo hasta que llegamos a las cercanías del castillo, ver el foso que rodea la antigua fortaleza, la escalera para entrar y las construcciones adyacentes; desde allí bajamos hasta la carretera para volver a por el coche y bajar hasta el pueblo, donde aparcamos cerca de la plaza de la iglesia para dar un pequeño paseo; entramos en la iglesia, y después fuimos paseando por la orilla del Sena hasta llegar al sanatorio (ahora convertido en asilo), al que no pudimos entrar, aunque es una construcción realmente impresionante también.
Y sin demorarnos mucho más continuamos marcha, que aún nos quedaban 40 km. hasta llegar al hotel para poder descansar; aunque al ir por carreteras locales nos encontramos con un interesante edificio junto a un río: unas ruinas industriales del siglo XIX contruídas en estilo neogótico.
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Viaje a Francia: Giverny

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Este mes de abril, aprovechamos unos días libres de vacaciones y otros que cogimos para hacer una pequeña escapada a Francia. Destino: Normandía y Valle del Loira.
Salimos el mismo Jueves Santo desde el aeropuerto de Madrid en un vuelo de Ryanair al aeropuerto de Paris Beauvois; turnándonos el coche entre Sandra y yo para viajar durante la noche; a primera hora de la mañana estábamos en el aeropuerto; cogimos un coche de alquiler, para el que usé una plataforma que me recomendó un compañero de trabajo; nos dieron un pequeño Toyota, con el que empezamos nuestras vacaciones. Primer destino: Giverny, el pequeño pueblo que el pintor Claude Monet eligió para comprarse una casa; hacerse su pequeño jardín y que le sirvió de inspiración para sus afamadas pinturas.
Después de recorrer unos cuantos kilómetros a través de carreteras nacionales y algún que otro carril asfaltado por el que nos llevó el GPS (aunque en general muy buen firme), siempre rodeados de campos amarillos de colza, hasta que llegamos a una pronunciada cuesta, que anunciaba ya el pueblo de Giverny.
Cruzamos el pueblo y aparcamos cerca del río, donde también había numerosos autobuses de excursiones; y deshicimos el camino andando para volver al pueblo; en la calle principal había numerosas panaderías, o como dicen los franceses «Boulangerie», así que entramos en una para tomar algún tentempie; antes de irnos a la casa de Monet para visitarla; hicimos una pequeña cola de no más de 5 minutos, y tras pagar la entrada se pasa al patio. La casa es recta y con dos plantas con numerosos libros y pinturas japonesas; en la parte inferior hay un enorme estudio donde el autor pintaba; y en la parte superior están los dormitorios y las salas de estar.
El patio por contra es enorme; cortado ahora por la carretera del pueblo; al cruzarlo por debajo está el estanque con el puente que Monet hiciera tan famoso en sus pinturas.
Después de pasear y extasiarnos contemplando el jardín, salimos para almorzar en la misma plaza que hay en la puerta de la casa, y continuar viaje; acompañados de una guía de viaje que nos dieron en el pueblo sobre Normandía.

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Este domingo 6 fue la primera salida ordinaria del C.C. Tosiria del mes de Octubre; y con ello, comienzan ya a disminuir las etapas; más cortas y con salidas más tardes para ir adelantando ya el fin de temporada.
A las 9:30 debíamos salir desde la sede, por lo que media horilla antes salí desde Martos por la vía verde; salimos por la carretera de Jaén hacia Jamilena, para llegar hasta Martos; girar en redondo y continuar por la carretera de Los Villares hasta llegar a la gasolinera donde paramos para tomarnos un refrigerio y luego deshacer la marcha; si bien yo enlacé ya con la carretera en el cruce de Jamilena para dejarme caer hasta Martos. Al final, sin llegar a alejarme nunca más de 15 km. de Martos, salieron 66 km. en dos horas y tres cuartos, con 900 metros de desnivel y 1500 kilocalorías gastadas.

Procesión de San Francisco

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Este sábado, 4 de Octubre con motivo de la festividad de San Francisco, se organizó una pequeña procesión en la que se sacó al propio San Francisco desde el Colegio San Antonio de Padua, para subir hasta la Fuente Nueva, donde está la iglesia de San Francisco (y antiguo convento de los franciscanos antes de la Desamortización de Mendizábal); para luego bajar por la Calle Libertad y regresar de nuevo al Colegio.
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Cafetera express

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Un 31 de marzo, me hizo Sandra un buen regalo: una cafetera exprés
; hasta entonces usábamos una cafetera italiana (las de toda la vida que hay que poner en el fogón), y un termo para evitar que se enfriara y poder tomar café el resto de la mañana.
Esta máquina tiene la ventaja de que usa una presión mayor para filtrar el café, por lo que lo saca con crema o espuma y con un sabor diferente; son máquinas domésticas que han salido recientemente al mercado y que en cualquier gran superficie son fáciles de encontrar a unos precios muy razonables.
Esta en concreto es marca «Saivod» (marca blanca de «El Corte Inglés»), similar a esta que aún tienen en catálogo.
Y la verdad es que es realmente un buen regalo, si te gusta el café. Muy rápido de hacer; el agua se caliente en el tiempo que tardas en rellenar la cazoleta de café; se monta, se le da a un botón y en unos pocos segundos se puede disfrutar de un café expreso con toda su espuma.
Además también tiene un grifo lateral que echa vapor de agua; por si se quiere calentar la leche o producir espuma para hacer un café con leche algo más elaborado.
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Las cosas que se inventan a día de hoy…

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