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Berlín: quinto día


Ya casi se me olvidaba… El último día en Berlín, bueno, vayamos por partes (como dijo Jack el Destripador)
El quinto día me levanté algo resfriado porque la noche anterior me dio calor cenando, me quité la ropa me dio frio, y todas esas cosas que suele hacer uno para resfriarse, pero claro, resfriarse cuando uno está de vacaciones, pues no es muy agradable.
En fin, para el quinto día no había nada programado y más o menos con sistía en un día libre, hubo algunos que se fueron a ver cementerios, otros que se fueron de compras por el centro, y al final nos quedamos Jose, Casandra (la mexicana) y yo por ahí, así que decidimos dar un paseo con tranquilidad por el centro, hacer tiempo y disfrutar de las últimas horas en Berlín.
Fuimos paseando por «Friedrichstríe» (donde estaba el albergue) hasta que llegamos a la calle «Unter den Linden», por donde seguimos bajando hasta llegar a la Puerta de Brandemburgo, allí nos quedamos un rato, haciendo fotografías, descansando, etc. (Y es que cinco días de turismo es mucho para el cuerpo).
Cuando nos cansamos de estar por allí nos volvimos para el albergue que todavía había que recoger los coches y volvernos para Darmstadt, pasamos por un Kebab y fue lo que comimos (Desde luego en Berlín terminé harto de Kebab y de donuts…), luego pasamos por un Dunkin Donuts, pero conseguimos resistir la tentación, y es que Berlín está llena de establecimientos de estos.
Bueno, al final llegamos al albergue, preparamos los bártulos y esperamos a que nos trajeran los coches que habíamos alquilado en Europcar, nos trajeron un flamante Skoda Fabia para nosotros y un Nissan Micra para los italianos, que junto con los franceses y su Citroín Saxo componía toda la «flota».
Luego de vuelta para Darmstadt, por autovías de Alemania, aunque ahora no me acuerdo de las ciudades por las que pasamos. Las autovías alemanas por lo general son mejores que las españolas, tienen las curvas muy abiertas, normalmente tienen tres carriles o más para cada sentido, en fin, que son bastante buenas, aunque también pasamos por una autovía que era en plan español: Dos carriles para cada sentido, arcenes pequeños, casi inexistentes y curvas cerradas.
En fin, menos mal que desde éste día no he vuelto a comer Kebab…
Conclusión: Esto de ser turista es una profesión muy dura.

Una respuesta a “Berlín: quinto día”

  1. 05 May 2006 a las 13:53 Luis

    Yo terminé hartico de ser turista y hasta que recobre las ganas todavía tiene que pasar mucho tiempo. Ahora prefiero el turismo gastronómico pero no en plan donuts o kebaps. Prefiero restaurante tipico o un bar típico de alli, que no sea mu caro claro.

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