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Dresde: tercer día

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Pues llegamos al tercer día en Dresde, o sea el martes 21, que era el día de la famosa invitación, y al fin y al cabo la motivación del viaje a Dresde.
Ese día Gerardo tenía prácticas, así que él se fue, me dio las instrucciones para llegar hasta su facultad y desde allí iríamos andando hasta la Mensa donde iba a ser la comida.
Por increíble que parezca no me perdí, llegué a la primera y aprovechando el viaje en el tranvía hice algunas fotografías.
Llegamos a la mensa muy bien de hora, la comida era a las 12:30 y nosotros llegamos a las 12:00 (si, estos alemanes y sus horarios raros), pero la cosa es que empezamos a sospechar cuando eran las 12:45 y no llegaba nadie, así que empezamos a preguntar y ya nos dijeron donde era la comida, llegamos y sólo estaban los alemanes.
Resulta que la reunión era porque los Colegios Mayores de España querían saber como funcionan sus equivalentes (Studentenwerk) en Alemania, para poder hacer reuniones, intercambios y cosas de esas, aunque me parece que los sistemas son muy diferentes y no tienen nada que ver.
Estaban el director del C.M.U. Cardenal Cisneros, del Colegio Mayor Bidealde, del Isabel la Católica de Granada, del Tomás Luis de Victoria y de uno de la Complutense pero que no me acuerdo cómo se llamaba
En fin, la comida fue en un apartado dentro de la Mensa y nos dieron a elegir entre cuatro o cinco platos de la Mensa. Después de la comida nos dieron una vuelta por las tripas de la Mensa, enseñándonos las cocinas, los almacenes de comida, y todas esas cosas.
Luego tocó una visita por la ciudad, así que nos montó el hombre (creo que era el director de la Studentenwerk de Dresde) y nos llevó por Dresde con un monovolumen (o fragoneta), aunque se ve que el hombre aprendió a conducir con Carlos Sainz y nos dio un paseo por Dresde de lo más movido.
Nos enseñó algunos barrios residenciales de Dresde, luego nos paró junto al Elba para que pudiésemos ver los tres castillos del Elba.
Después prepararon una visita guiada por la Altstadt, con una guia de madre española y padre alemán, que había vivido aquí durante toda su vida, (nos contó algunas cosas de la posguerra), aunque se ve que el carácter lo sacó del padre, porque era un poco cascarrabias. Nos estuvo enseñando la facultad de Bellas Artes, la Frauenkirche, el mural de zulejos y después el Zwinger, donde ya nos dejó, entonces entramos a ver la galería de pintura de Dresde, aunque tampoco tuvimos mucho tiempo, donde está un famoso cuadro de Rafael, uno con unos angelitos muy conocidos que forman parte de un cuadro aún más grande donde sale el papa Julio II ofreciendole algo a la Virgen.
Después una nueva ruta por Dresde para parar en una “Molkerei” que es una tienda donde venden leche y derivados de la leche, muy curiosa eso si, por dentro estaba toda llena de azulejos, muy bonita, aunque estaba prohibido hacer fotografías, claro que para cuando me lo dijeron ya había hecho una, y es que soy muy rápido con las fotografías.
Luego a cenar, que ya eran las 6 de la tarde y estos alemanes no esperan a que se le ponga fria la cena. Nos llevaron a casa de un amigo del director del C.M.U. Cardenal Cisneros y allí nos invitaron a la barbacoa, que la verdad es que era mucho más refinada que las que nosotros organizamos, una mesa con bebidas en hielo, cava, zumo, coca-cola, cerveza para beber, fruta para el postre. En fin, muy interesante.
Cuando terminamos de cenar tuvimos que irnos a la estación de trenes porque los representantes del consejo de Colegios Mayores tenían que volver a Berlín donde tenían su sede, y ya que estábamos allí aproveché para comprar el billete del tren para el día siguiente.
Luego vuelta a casa, por insistencia mía volvimos andando (Gerardo estaba ya un poco cansado de mí y de mis fotografías) para aprovechar y hacer algunas fotografías. Desde el puente hice algunas fotografías del Altstadt, como había una tormenta me propuse fotografiar un rayo sobre el casco antiguo, y efectivamente, al final lo conseguí. Es la fotografía que acompaña esta anotación. Más de doscientas fotografías tuve que hacer para poder pillar el rayo, pero creo que merece la pena.
Luego empezó a llover así que tuvimos que salir corriendo para casa, antes de que fuera peor. Y luego a acostarse temprano que al día siguiente había que madrugar para coger el tren.

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