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Excursión a Rieneck

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El viernes después de hacer el examen de VHDL estuve comiendo en la mensa y me acordé que Helen nos había comentado que estábamos invitados a visitar Rieneck.
¿Por qué Rieneck? Resulta que Helen tiene una amiga (Judit) de su pueblo (Alguaire) que está trabajando en el castillo de Rieneck haciendo un año de voluntariado social (o algo así).
Bien, pues una vez hechas las presentaciones, vamos a seguir por dónde íbamos.
Este fin de semana Helen se fue el jueves para visitar a su amiga y estábamos invitados a hacer una visita por allí. Nosotros conocemos a Judit porque se ha pasado un par de veces por Darmstadt.
Así que nada, una vez que terminé el cursillo y con lo cansado que estaba, ¿qué mejor que irse a un castillo perdido por Baviera para descansar?
Dicho y hecho, el único que se animó a venir era Ignasi, en principio íbamos a salir en un tren de las 5:30 pero un problema de última hora con la bicicleta de Ignasi nos retrasó un poco y al final cogimos el tren de las 6:30.
Para llegar hasta Rieneck hay que hacer transbordo en Aschaffenburg. Dicho y hecho, esperamos media hora en Aschaffenburg y de nuevo un tren, esta vez en dirección a Gemínden (Es el pueblo más importante cercano a Rieneck, que está a 4 km. de Rieneck). Cuando llegamos a Gemínden ya estaban Helen y Judit esperándonos para ir hasta Rieneck en bicicleta. Un agradable paseo por el campo y llegamos a Rieneck. Vimos el pueblo y directamente a subir al castillo, que está en una montaña, y tenía una cuesta para subir, como la Pandera, pero en pequeño (mucho más corta). Dejamos las bicicletas (yo fui el único que subí hasta el castillo, los demás dejaron las bicicletas abajo), y Judit nos estuvo dando una vuelta por el castillo, nos enseñó el comedor, el sótano convertido en cafetería-bar y demás cosas que hay en un castillo.
También nos explicó que habían «tomado» el castillo unos alemanes que estaban celebrando unas jornadas vestidos de estilo medieval y cosas así raras, con lo cual el castillo estaba muy bien ambientado en la época.
Después subimos a la torre gorda (si, literalmente, en alemán la dicker Turm) porque tenía unas paredes de unos 8 metros de ancho (es lo que tienen los edificios fortificados). Subimos arriba y estuvimos viendo el paisaje (para entonces ya se había hecho de noche), estuve sacando unas fotografías muy curiosas, nos tomamos unas cervezas y subieron los compañeros de Judit del trabajo: Objetores de conciencia: aquí en Alemania todavía hay mili, y cuando la gente se declara objetora de conciencia la mandan a sitios como éste para hacer trabajos sociales y cosas así, y ya estuvimos con ellos el resto de la noche.
Cuando empezó a refrescar más de la cuenta (estábamos con mantas, y es que agosto en Alemania parece diciembre en Martos) nos fuimos a cenar, y luego al sótano a terminarnos las cervezas.
Al día siguiente día nuevo, vida nueva, por la mañana estuvimos perreando, aunque yo que estaba acostumbrado a levantarme a las 7 por lo del cursillo, desde las 9 ya no podía cerrar los ojos.
Nos fuimos a comer a un sitio en el centro del pueblo (bueno, técnicamente creo que un pueblo tan pequeño de 2.000 habitantes tenga algo que no sea centro) con comida típica alemana (carnes, salsas marrones y cosas de esas).
Después cogims las bicicletas y nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo, llegamos a un parque y allí nos quedamos un rato haciendo el tonto. Ignasi y yo incluso llegamos a echarnos una siesta, y es que estábamos de cansados…
Cuando nos despertaos de la siesta, sorpresa: Judit se había ido al castillo a descansar (el domingo tenía que trabajar y se incorporaba a las 8 de la mañana) y Helen había desaparecido y no había forma de dar con ella, total que cogimos las bicicletas, nos fuimos para el pueblo de al lado y nos cruzamos con Helen que volvía, la convencimos y de nuevo los tres para el pueblo (Burgsinn). Llegamos allí y para recoger fuerzas nos fuimos a una heladería, las heladerías en Alemania son para hacer una anotación sóla para ellas.
Después de vuelta para Rieneck, llegamos al castillo, aproveché para volver a subir a la torre gorda y hacer fotografías de las vistas de día; nos duchamos y nos fuimos a cenar, esta vez al restaurante del italiano del pueblo (sólo hay uno).
Cuando salimos se encontró Judit con un ex-compañero del trabajo que había venido a verles, porque se va a hacer una vuelta al mundo o algo así (Así son los alemanes), así que nos fuimos los 5 a cenar.
En el italiano me pedí espaguetis a la carbonara, para hacer ingeniería inversa y sacar nuevas ideas, je, je, je, aunque éstos no me gustaron muchos porque estaban muy picantes.
Después de cenar nos invitaron a unos chupitos llamados «Tequila Pum-pum»: cogen el tequila, le echan agua con gas (la que venden en Alemania) le dan dos golpes, empieza a subir y te los bebes (no deja de ser tequila rebajado con agua) que no estaban nada mal.
A eso de las 11 nos volvimos para el castillo, que barbaridad, el pueblo parecía un pueblo fantasma de esos de los que habla JJ, lo cual me lleva a preguntar ¿Hay vida en Alemania después de las 11?. En fin, aprovechando eso los convencí para que me acompañaran porque quería hacer alguna fotografía del castillo nocturna, aunque no hubo suerte. No había nada de luz (y es que en este pueblo no gastan mucho en farolas) y no había forma de sacar el castillo, aunque eso si, no había nada de contaminación lumínica para sacar fotos de las estrellas. En fin, no hay mal que por bien no venga.
Cuando terminamos nos volvimos para el castillo, nos encontramos que los compañeros de Judit estaban en el sótano tocando la guitarra y tomándose una cerveza, pero la verdad es que yo no aguanté nada, al poco me quedé dormido y me fui para la cama.
Y con esto llegamos al domingo, último día de la excursión, el domingo amaneció lloviendo (verano alemán)
Yo me fui a sacar unas fotografías con vistas del castillo de día, y la verdad es que tuve suerte, cuando llegué al cerro que quería ir para hacer las fotografías dejó de llover y salió el Sol, con lo cual me salieron unas fotografías muy bonitas, colores vivos y todas esas cosas.
Después vuelta al castillo y sorpresa: Estaban echando las motos por la tele y se querían quedar a verlas, así que nada, a esperar. Cuando terminaron las motos, a eso de las tres de la tarde, nos fuimos.
No sabíamos muy bien si el trayecto Rieneck – Gemínden hacerlo con las bicicletas o con el tren, pero al final nos decidimos por las bicicletas y llegamos muy bien, y encima haciendo ejercicios. Allí compranos un Bayern-ticket, y al tren para Aschaffenburg, pero sorpresa: el tren llevaba retraso y perdimos el enlace en Aschaffenburg, lo cual no nos vino nada mal porque aprovechamos para comer, que todavía no habíamos comido.
Un rico (por decir algo) kebab (plato típico alemán donde los haya), pero bueno, al final llegamos a Darmstadt sanos y salvos.

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