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Un cumpleaños a lo alemán

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Ayer me invitó mi tándem a su cumpleaños, alguna vez he hablado aquí de eso de una tándem, es alguien que quiere aprender español, y como yo por otro lado también quiero aprender alemán, pues es un buen intercambio.
Steffi (así se habla la pobretica que está aprendiendo español conmigo), es de Köln y la conocí por medio de Javi, un antiguo compañero de la facultad, puesto que su novia era su compañera de piso, y claro, como a ellos el alemán, ni fu ni fa, pues así aprovechaba yo.
En el cumpleaños estuvimos Steffi y su compañera de piso, dos amigas de su compañera de piso y varias amigas alemanas de Steffi que estudian aquí en Granada y son también Erasmus como ella. Eran de Hamburgo, Kiel, Frankfurt, vamos, que parecía que estaba en Alemania mismo.
Así que ayer di una clase intensiva de alemán, vamos, más de dos horas escuchando alemán sin parar, así que estuvo bastante divertido, y así además me suelto un poco con el alemán.
La lástima es que no había cerveza. Habían comprado: Shandy y tinto de verano. Estas guiris…

5 respuestas a “Un cumpleaños a lo alemán”

  1. 06 May 2007 a las 11:50 am ruben

    Veo que te rodeas de buena compañía :D

    Por curiosidad, ¿quién es de todas ellas?

    Saludos.

  2. 07 May 2007 a las 11:51 am josera

    Claro hombre, para estar mal rodeado, mejor estarse quieto.
    Mi tándem es la segunda por la izquierda.

  3. 07 May 2007 a las 11:06 pm GuilleCC

    Di que si, tu rodeate bien de mujeres, que bastantes tios ves ya aquí en el Cisneros.jeje. A ver si me las presentas un dia de estos…xD

  4. […] El sábado estuve en Nerja, cosas que pasan… Mi tándem me invitó a la excursión que organizaba la A.S.E.E., algo así como la asociación Idea, pero en la Universidad de Granada, y aunque no fuera un estudiante Erasmus, no tuve ningún problema para inscribirme. Así que poco más, a las 8:30 teníamos que estar cogiendo el autobús en los comedores univeristarios (¡Qué dolor!), llegamos a las 10:30 a las cuevas de Nerja y entramos para visitarlas. Impresionantes como siempre las galerías, las estalactitas, las estalagmitas, y todo el paseo en general, hasta con yacimiento arqueológico incluído. A las 11:45 volvimos a coger el autobús para ir hasta la playa, allí nos quedamos un buen rato, combinando el tostarse al sol como si fuéramos un pollo con pequeños chapuzones en el agua (que estaba bastante fría). Si hay una cosa que caracteriza a los alemanes son sus extraños horarios de comida, viendo que a las 14:30 no tenían intención ninguna de moverse (e incluso alguna aprovechaba para comerse algún panecillo), yo me dirigí al chiringuito más cercano a tomar algo de provisiones, acompañado de una buena cerveza bien fresquita. Y es que no estaba muy equivocado… A las 16:30 se fueron a comer… Estos alemanes… Una vez bien alimentados nos fuimos a dar una vuelta por el centro de la ciudad, subimos hasta el centro (más o menos) y echamos un vistazo desde los miradores del Bendito y del “Balcón de Europa“. Y luego de vuelta para coger el autobús, a las 18:30 estábamos preparados para volvernos para Granada, y por supuesto llegamos puntuales… no había nada que temer: ¡iba con alemanes, siempre puntuales! Y de camino para Granada, pasamos por la presa de Rules en Velez de Benaudalla (y pensar que yo ví como empezaban a hacerla en una excursión con el Club Ciclista Martos) y vimos también las obras de la nueva carretera de Motril. Y eso sí, lo único que me he quemado los pies, justo donde no llevaba calcetines. Y es que tantos años de ciclismo me han dejado unas piernas con unos cortes tipo albañil… […]

  5. […] El jueves, Día de Andalucía, aproveché por la tarde, que no tenía que ir para alargarme a Granada. La sorpresa era doble: Resulta que mi antigua tándem, estaba de vacaciones por Granada, aprovechando las vacaciones de la Universidad de Alemania de cambio del semestre de invierno al de verano, y además los vuelos baratos de Ryanair de Frankfurt Hahn a Málaga. Allí me las encontré, a Steffi y a su amiga, por el centro y nos fuimos a tomarmos alguna cosa por el centro, por calle Elvira, donde me encontré con algún que otro antiguo colegial, y después nos fuimos al Realejo, también buscando algún bar de tapas. ¡Que bien se vive en Granada!. Y antes de que fuera demasiado tarde, de vuelta para Martos, que el viernes había que trabajar. […]

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