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Oktoberfest: Segundo día

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Ayer martes estuvimos en la Oktoberfest, por segundo día consecutivo, además fue también el último día de trabajo para Fernando, Sofía y Almudena.
Así que repetimos la operación del día anterior: salimos temprano del trabajo y nos fuimos directamente para la Oktoberfest.
Esta vez el plan, en teoría sería ir a la caseta «Hippodrom», porque después llegarían más compañeros de la empresa, unos cuantos con una invitación de la empresa, y otros para sentarse en alguna de las mesas.
Pero no fue tan fácil… Yo llegué primero con Sofía y Almudena y conseguimos entrar, aunque no fue muy fácil porque la caseta estaba muy llena y estaban pidiendo invitaciones. El problema fue que cuando entramos, todas las mesas estaban o estarían reservadas en media hora… ?Vaya chasco!, lo cual no impidió que nos sentásemos en una de las mesas por un rato, momento en el que nos sirvieron… una Maí, para variar.
Al rato intento entrar Fernando, pero ya era demasiado tarde y se tuvo que quedar en la puerta, hasta que llegaron más compañeros del trabajo con refuerzos y consiguieron entrar por una puerta lateral. Aunque fue del todo inútil, porque no había mesas libres, a nosotros ya nos habían echado de la que teníamos, y después de un rato de intentar buscar mesa, decidimos cambiar de sitio.
Como cosa curiosa, mientras estábamos allí, llego un cantante, relativamente conocido en Austria y en Alemania, y al que todo el mundo empezó a vitorear, y levantar las jarras… Aunque la verdad es que a mí no me sonaba de nada.
El siguiente destino que intentamos fue la Paulaner, intento que fue totalmente infructuoso, y después de probar otra caseta, decidimos hacer un cambio de planes radical: Viendo que estaba lloviendo, y que todo el mundo estaba dentro de las casetas (los Biergarten estaban cerrados), iba a ser difícil encontrar sitio, así que al final decidimos ir a un restaurante cerca de Theresienwiese, allí la situación no era mucho mejor, lleno hasta arriba, pero por lo menos encontramos sitio, y aunque el camarero no tenía ni pizca de gracia, por lo menos pudimos cenar, y aprovechar para despedirnos. Y por supuesto, para hacernos una foto de grupo. Y luego de vuelta a casica, que algunos tendrían que volar, y otros volver al trabajo.

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