Libro: Al Sur de Granada
30 de Diciembre de 2007 por josera

Anteayer terminé de leerme “Al Sur de Granada”, un libro muy conocido de Gerald Brenan, y del que hace poco hicieron una película, aunque creo que no tiene mucho que ver con la novela.
Después de la I Guerra Mundial, el joven Gerald Brenan de familia media-alta de Inglaterra, acaba de ser lincenciado del ejército y decide irse en búsqueda de lo exótico y los desconocido. Así llega a España, y después de mucho buscar y visitar ciudades, decide establecerse en la Alpujarra, en el pequeño pueblo de Yegen.
Allí comienza a observar la vida de sus ciudadanos y empieza a ver lo diferente que es todo de Inglaterra en esta región tan alejada y retrasada respecto a Inglaterra.
En principio vino únicamente a dedicarse a leer y a hacer una especie de “auto-formación”, y el libro es una especie de guia de viajes de la Alpujarra mezclada con un estudio antropológico muy detallado.
El libro cuenta prácticamente 30 años de vida en las Alpujarras y alrededores, desde principio de los años 20 hasta mediados de los años 50, y las transformaciones que se van produciendo, como por ejemplo, la construcción de la carretera de los Alpujarras durante la dictadura de Primo de Rivera. Aún así las infraestructuras eran prácticamente inexistentes: En autobús desde Granada hasta Almería se invertían más de 10 horas, muchos de los desplazamientos los hacía a pie, echaba días enteros para ir de un sitio a otro parando en posadas insalubres.
Es muy interesante el retrato de Granada, en especial me hizo gracia cuando habla de coger el tranvía en las afueras de la ciudad (tranvía que desapareció hace más de 30 años en Granada).
El estudio antropológico no deja de ser más interesante, hablando de costumbres que hoy en día parecerían rarísimas, mezclados con leyendas y supersticiones de la población local, a cual más descabellada.
En definitiva un libro muy interesante, cortesía de la Biblioteca de Martos, y esta vez lo entrego con retraso, a ver lo que me dicen.





Yo he visto la película y me gustó mucho la historia, y la recreación temporal de esta, y porque no decirlo Verónica Sánchez (no se parece en nada a su papel de pija en Los Serrano).
Pero como dices, el libro parece interesante y contará muchas cosas que no salen en la peli.
Un saludo
[…] Hace ya casi una semana, pero he estado muy liado, entre el trabajo y el proyecto. Hace casi dos semanas, que me comentaba Repiso que estaban organizando una escapada de fin de semana a Bérchules el pueblo de su novia, donde tienen una casa que casi no usan. Así que dicho y hecho, no tenía nada previsto para el pasado fin de semana, y ¿qué mejor que pasarlo en la Alpujarra con un monton de compañeros del Cisneros que hacía mucho que no veía? Así que el sábado a las 10 de la mañana estaba junto a la parroquia de San Francisco para juntarnos todos y salir de forma organizada. Al final y por sorpresa fueron tres coches, y un montón de gente: - Carlos de Caminos - José Alberto y su novia eslovena Maia - Edu - Rafa Repiso y su novia Adelina - Arturo - Emilio - Juanele y su novia Irene - Y yo mismo. Algunos siguen por el Cisneros y otros están ya trabajando y repartidos por ahí. Así que era un buen sitio para juntarnos. Poco a poco fuimos saliendo, yo me llevé a José Alberto, a Maia y a Carlos, en principio hasta Lanjarón para coger la carretera de la Alpujarra, aunque hubo un problema técnico y terminé en Motril, así que vuelta atrás, camino de Velez de Benaudalla, después buscando Órgiva, y después Cádiar, muy cerca ya de Bérchules. Aunque llegamos un poco tarde, todavía estaban en el bar y no habían comprado los chorizos ni las morcillas. Desde la plaza de Cádiar, salimos para Bérchules, muy cerca, en menos de 10 minutos llegamos al pueblo. La casa de Adelina, está en la parte más alta del pueblo, con unas cuestas que no tiene nada que envidiar a la cuesta Moreno de Martos. La casa es gigante, son dos casas unidas, con unas 30 camas en total. ¡Ni un hotel! Y es que por lo visto son dos casas unidas. Curiosas las casas por todos los aspectos: Desde su construcción con sus típicos techos planos para secar frutas en verano o los techos de madera con pizarra, leñera alrededor de la casa. Bastante curioso. Lo primero que hicimos después de tomar posesión de las camas, fue encender la chimenea para empezar a hacer unas papas a lo pobre, por el gran Chef Repiso, mientras Adelina en la cocina preparaba la comida anticolesterol: chorizos, morcillas y huevos fritos. ¡El milagro para el colesterol! ¡Qué ricos platos alpujarreños! Después de comer, un poco de sobremesa de café y mucho sueño, una salida a la terraza con unas vistas impresionantes de todo el valle, y luego a jugar un rato al Trivial. Leyenda urbana: ¿El trivial se inventó en Motril? En ese momento, no sabemos por qué, pero Arturo se sintió con ganas de deleitarnos con algunos de sus grandes éxitos. Sencillamente apoteósico… Después, aunque estábamos bastante llenos por la comida tan ligera, nos fuimos a la “Alquería de Morayima” a cenar, como no teníamos mucha hambre, sólo nos pedimos unas raciones para todos, y yo cerveza sin alcohol, que estaba con el coche… Después nos volvimos, parando antes en Cádiar para tomar algo, aunque por el camino, aproveché para hacer algunas fotografías nocturnas de Bérchules con Sierra Nevada al fondo, que lástima que no me llevara la Pentax, y es que con la Olympus no salen los mismos resultados. ¡Qué rabia que estuviese con el coche! ¡Las copas a 2,5 €! ¡Vaya chollo! ¡Qué rabia! En fin, y antes de que se nos hiciera más tarde, nos volvimos para Bérchules que al día siguiente teníamos muchas cosas que hacer, o por lo menos eso estaba planeado. El domigno al final no nos despertamos muy temprano, a eso de las 11 o por ahí, estábamos desayunando, después de disfrutar del rico café que preparó Arturo (echó café soluble en la cafetera y se le olvidó poner la mitad de las piezas… ¡a punto de explotar!), (yo desayuné pan con aceite con Cola-Cao). Lo que estaba pensado era irnos al campo a comer, preparamos bocadillos y salimos en dirección por el camino que va hasta Jerez del Marquesado, ya fuera de las Alpujarras, donde quedan las ruinas de una antigua fábrica de sedas. (Algo leí en el libro de “Al Sur de Granada“). Realmente interesante el paseo, por uno de los extremos de un río, y sobre una antigua acequia, realmente unos paisajes preciosos, al pie de Sierra Nevada,… Impresionante. Por supuesto, por el camino, Arturo nos impresionó con el look “auténtico español” y Juanele demostró no perder la clase en ningún momento. En las ruinas aprovechamos para comernos los bocadillos, y luego camino de vuelta, esta vez cambiando de camino, volviéndonos por la acequia, que al final sale al mismo punto en Bérchules. Y prácticamente ya se había pasado todo el fin de semana. Ya era domingo por la tarde, y había que ir recogiéndolo todo, que el lunes… había que trabajar. Salimos sin novedad, pero en dirección hacia Trevélez donde paramos para tomarnos un café y algunos aprovecharon para comprar unas esteras. Hacía muchos años que no pisaba Trevélez, en concreto desde una etapa que hicimos con el Club Ciclista, desde Vélez de Benaudalla hasta Trevélez. ¡Qué tiempos aquellos en los que funcionaba el Club Ciclista Martos…! Y ya definitivamente nos separamos, nos despedimos y cada uno siguió su camino, aunque esperemos que nos juntemos pronto. Desde luego el camino en la carretera de la Alpujarra se hizo largo, tanta curva, de noche, y con la velocidad tan baja. Paré en Granada para dejar a Carlos y a José Alberto y su novia, y luego para Martos donde llegué cerca de las 11 de la noche. Así que ya sabéis muchachos: A ver si lo repetimos pronto, que yo me apunto. […]