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El Hombre que Sabía Demasiado

El Hombre que Sabía Demasiado
Anoche, después de hacer unos ejercicios para el máster, me quedé viendo esta película de Alfred Hithcock de 1956, que es un remake de otra película del mismo título de 1934.
La película comienza cuando el matrimonio McKenna, él (James Stewart) un médico de Estados Unidos y ella (Doris Day) una famosa cantante, van en autobús hasta Marrakech para hacer turismo, aprovechando que han estado en un congreso en París.
En el autobús conocen a un extraño hombre, Louis Bernard que no para de hacerles preguntas y con el que quedan en Marrakech para cenar.
Una vez establecidos en el hotel empiezan a encontrarse con más gente, un desconocido que se equivoca de habitación y un matrimonio inglés muy agradable que está destinado en Marrakech. En una visita al mercado acompañados del matrimonio presencian un asesinato, que no es ni más ni menos que Louis Bernard y le dice una última confesión al doctor en el oído. A partir de ahí comienza toda la trama de espías, complots e investigaciones.
Una película, como todas las de Hitchcock muy buena, que mantiene la tension en todos los momentos, especialmente, la escena en el concierto, cuando esperan la enrada de los platillos para dar el tiro de gracia, cmo se acerca el momento, y nadie hace nada,…

Una respuesta a “El Hombre que Sabía Demasiado”

  1. [...] Ya he pasado mi primer fin de semana en Dresde, y es que el tiempo pasa volando; cualquiera diría que ya llevo más de una semana aquí. El viernes por la mañana temprano fui a la Studentenwerk porque tenía que entregar unos papeles del banco para que domicilien el cobro de la residencia. Desde allí me fui corriendo (en sentido figurado) en tranvía al Instituto; allí me quedó continuar ayudando a los compañeros del departamento con lo que estaban desde el jueves: preparar unas maquetas con oleds y células solares orgánicas para la Universidad; así voy teniendo alguna toma de contacto con los Oleds, para manipularlos y eso. Comí en la empresa sobre las 12, y después de seguir leyendo documentación un rato me volví para la residencia; como los viernes se termina antes, creo que sería buena idea lo que quedaba de tarde para echar una siestecilla, que no hay que perder las buenas costumbres. Por la noche, a través de Fran, un chico de la residencia, fuimos a cenar a otra residencia con un par de chicos más españoles y luego fuimos a una fiesta Erasmus. El sábado, no madrugué mucho, y tocó poner una lavadora, que no es bueno que se acumule mucha ropa, y para variar, fuimos a comer con otro grupo de españoles a una residencia cercana, donde conocí a unos cuantos Erasmus españoles más, ínfima parte del total de Erasmus españoles que hay por Dresde. Después de comer, de nuevo siesta porque es lo mejor que se ha inventado. Por la tarde no fui a ver el fútbol, así que me quedé haciendo algunos ejercicios del Máster, de las asignaturas que me han quedado de Granada, que tampoco hay que dejarlo aparcado, y luego me vi una peliculilla. El domingo no tuvo tampoco nada de especial, por la mañana recoger las lavadoras y poner otra, hacerme de comer (Menos mal que todavía guardo la receta de la “fritá” que me dió Pepe cuando estaba en Múnich en el 2005). Y por la tarde aproveché para ir a misa de 6 a la Hofkirche y luego al cine, y tampoco acostarse muy tarde que hoy lunes había que madrugar. [...]

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