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Dresde – Pillnitz – Pirna

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Hace un par de fines de semana, salí con la bicicleta, ya era hora de estrenar la bicicleta recien comprada. Salí con Oscar, un chico español que está aquí con una beca Erasmus, que tiene una bicicleta Romani, que además ya conce un poco la zona, y sabía algunas rutas:
Salimos desde la residencia y buscamos el Elba para coger el camino del Elba: Junto a las dos orillas del Elba discurre un carril de muchos kilómetros, una especie a la vía verde de Martos.
Salimos en dirección hacia la frontera con la Rep. Checa, yendo a contra de la corriente, aunque por un terreno completamente llano, viendo como se alejaba poco a poco el centro de Dresde, cambiaban las construcciones, vimos el Flohmarkt, y continuamos hasta Pillnitz. Allí hicimos una parada, y cruzamos el pueblo subiendo a ver los tres palacios que están sobre la orilla del Elba y de los que hay una vista inmejorable del Elba. Palacios que ya visité en el 2006 con Gerardo… Ahora los han convertido en unos Biergarten, así que se puede ir ahí con una excusa perfecta para tomarse una cervecita y disfrutar del paisaje.
Bajamos y retomamos el camino del Elba, continuando hacia delante, hasta que encontramos un parque con unos bancos donde paramos para comer y retomar fuerzas.
Pasamos el palacio de Pillnitz y seguimos hasta llegar a Pirna, donde cruzamos por un puente el Elba para volvernos por la otra orilla, esta vez a favor de la corriente. Cambió un poco el tiempo: se nubló y empezó a chispear, así que antes de que la cosa empeorara, volvimos sin entretenernos tanto para llegar a Dresde. Justo al entrar a Dresde se puso a llover.
Al final salieron 55,05 km. en 3 horas y media.

2 respuestas a “Dresde – Pillnitz – Pirna”

  1. […] El calor está empezando a apretar en Dresde, el verano por fin ha llegado y no sabemos muy bien cuando volverán las lluvias. Así que hay que aprovechar. Por lo general, aquí en Alemania no están muy acostumbrados al calor, así que en estos días no es raro ver a niños bañándose en fuentes públicas (de las que si hay muchas por la ciudad, aquí el agua no es un problema). Me llamó Oscar para decirme que habían pensado en ir un lago que hay en Dresde para poder tomar un baño y refrescarnos un poco. Y la verdad es que sonaba bastante bien, así que de camino a la residencia, pasé por Karstadt para comprarme un bañador, y para la residencia para cambiarme. Al final nos juntamos a las 7, Fran, Oscar, Jose y yo; cogimos el tranvía 11 para ir más rápido y quitarnos un poco de camino, bajándonos en la zona de los palacios del Elba; desde allí continuamos por el camino del Elba , sin saber muy bien donde exactamente estaba el lago. Finalmente, después de preguntar varias veces, pudimos dar con él: estaba siguiendo el camino del Elba, pasando el pueblo de Birkwitz y a 7 km. de Pirna. Dejamos las bicicletas y bajamos al lago a darnos un chapuzón y nadar un poco, que yo ya lo tenía casi olvidado. Luego antes de que se hiciera completamente de noche, nos volvimos para Dresde, repitiendo el proceso: Cogimos un autobús, el 63, para evitar hacer todo el camino en bicicleta, y luego un trasbordo cogiendo el tranvía 11 que nos dejó de vuelta en la puerta de la residencia, aunque eso sí, pasadas ya las 11 de la noche… Al final, con la bici salieron 22,16 km. en una hora y 10 minutos. […]

  2. […] El domingo quedé con Virginia y otra amiga brasileña para hacer una excursión. Al final elegimos el Palacio de Pillnitz, que está muy cerca de Dresde y que sólo conocía de haber pasado por la puerta con la bicicleta. Salimos de Dresde, y aunque se puede ir en tranvía, fuimos en tren hasta Pirna, y desde allí cogimos un autobús que nos llevó hasta la misma puerta del palacio, pero sorpresa, sorpresa, había una fiesta “Elbhangfest”, por la que nos hicieron pagar una entrada. Dentro había lo típico en este tipo de ferias (y que también hay en España): Puestos de venta de “artesanía“, puestos de comida y de bebida y algunas atracciones para los niños, como este tren a vapor que funcionaba con gas. Estuvimos dando una vuelta por el palacio, viendo los patios, fuentes y edificios que lo componen: Es un palacio del siglo XVIII de los tiempos de Augusto el Fuerte, que fue Rey de Sajonia y de Polonia. Además es curioso ver el embarcadero que llega hasta la misma puerta del palacio. Después de recorrerlo, nos sentamos para comer un poco y descansar: Después continuamos dando una vuelta por los alrededores del palacio, donde hay una especie de jardín botánico: árboles exóticos como camelias, un invernadero, y varios edificios en medio del parque, estanques con peces y patos; vamos que estos reyes no vivían nada mal. Y después, vuelta para Dresde, ya comidos, que había que hacer cosas por la tarde. La vuelta fue un poco más complicada porque por motivos de la fiesta habían cancelado la línea de autobús que lleva hasta Dresde así que tuvimos que ir hasta el río donde cogimos un barco de la empresa municipal de transportes que nos acercó hasta un sitio en el que pudimos coger un tranvía que esta vez sí nos dejó en casa. […]

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