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Viaje a Zúrich

IMGP1974
El fin de semana pasado estuve en Zúrich: Rubén, un amigo mío, que fuimos compañeros de Erasmus en Darmstadt, allá por el 2005/2006, y que incluso me visitó en Martos en mayo del 2008; y que cosas de la vida está trabajando en Zúrich desde hace ya un par de años. Además, este fin de semana bajaba también José desde Darmstadt para hacer un cursillo.
El viernes, temprano (a la 1) salí del trabajo y me fui para la residencia, cogí mi maleta, y a la estción de trenes para coger un tren regional hasta Chemnitz, donde me esperaba el Mitfahrer que nos llevaría hasta Zúrich.
Por el camino paramos en Núremberg a recoger a una muchacha canadiense, y cerca de la frontera con Suiza, en Baden-Wurtemberg paramos para cenar en un Mc Donalds, que le gusta a estos alemanes.
Cruzamos la frontera ya anocheciendo; había un policía suizo y nos hizo un gesto con la mano para que continuásemos. Fácil, fácil entrar en Suiza (otra cosa es quedarse).
En un ratillo de conducir por las autovías suizas (ya con límite de velocidad), llegamos a Zúrich y me dejaron en una parada de tranvía. Llamé a Rubén y me dijo la parada de tranvía donde me tenía que bajar.
Eran ya más de las 11, pero en la puerta del tranvía estaba Rubén con Tania, que ilusión verlos después de casi dos años.
Nos fuimos dando un paseo hasta su casa, hablando y poniéndonos un poco al día. Llegamos a su casa, y bajamos al sótano a coger el colchón y algunas cosas. Un curioso edificio del siglo XIX, rehabilitado. Es lo que tiene vivir en un país que no ha sufrido ninguna de las guerras del siglo XX.
El sábado nos levantamos, sin madrugar mucho, y Rubén amablemente preparó el desayuno, comprando un pan, típico de Zúrich. Fuimos a la parada del tranvía, compré un abono para todo el día y bajamos hasta la zona de la estación de trenes, esperando que llegara José. Para hacer tiempo estuvimos dando una vuelta por fuera por el Museo regional, y estuvimos esperando en el parque que lo rodea.
Fuimos hasta el río, y vimos una regata, porque el fin de semana pasado se estaban celebrando las fiestas de Zúrich.
Cuando llegó José, con su novia Ana, nos pusimos a andar y a dar una vuelta por el centro. Fuimos buscando un mirador, justo encima del río del que se veía muy bien todo el casco antiguo de la ciudad, las iglesias y las Universidades. Como puede verse Zúrich es una ciudad construída en una zona muy montañosa, como Ginebra, incluso atravesada por un río y con un lago cerca.
Bajamos y seguimos recorriendo el casco antiguo, pasamos por una iglesia (St. Peter)
Continuamos paseando por el centro, y pasamos por una pequeña plaza donde están las sedes de los bancos UBS y Credit Suisse (Curioso, si estos bancos tienen sus sedes en edificios tan pequeños, ¿por qué en España las cajas de ahorros tienen que hacer esos mamotretos de rascacielos?)
Continuamos hasta el lago vimos algunos espectáculos que estaban haciendo con motivo de las fiestas. Discutimos hacia dónde seguir; aunque la verdad es que el que conocía la ciudad es Rubén, así que nos volvimos hacia el casco antiguo para buscar un sitio donde comer.
Al final encontramos una especie de Biergarten, donde pudimos disfrutar de las especialidades de la tierra, y sobre todo, de chocolate.
Nos volvimos para el centro, para la estación de trenes, donde José tenía el hotel porque ellos querían descansar un poco (el tren había salido de Darmstadt a las 6 de la mañana), pero yo me quedé con Rubén y subimos a la 92885/”>Universidad, donde estudió Einstein (a ver si se nos pegaba algo). Vimos también una demostración áerea y disfrutamos de las vistas de la ciudad.
Al bajar pasamos por una bonita iglesia católica, (Liebfrauenkirche) de estilo románico de planta basilical que visitamos, aunque había misa y no pude hacer fotografías.
Nos volvimos a casa de Rubén, y nos cambiamos de ropa para la noche. Nos fuimos al río, en una zona habilitada para bañarse, donde también había unas terracitas con televisión, para que los más futboleros pudieran ver el partido de España.
Y en el descanso del partido nos fuimos a buscar un sitio para cenar; Rubén nos llevó a unas antiguas caballerizas, habilitadas ahora como restaurante. Muy bonito, y la comida muy rica. Incluso pude probar… ?Carne de caballo!
Mientras cenábamos empezaron los fuegos artificiales de la fiesta, así que al terminar nos fuimos corriendo para el río, para ver si podíamos encontrar algo, pero ya se habían terminado cuando llegamos, ya se habían terminado, así que tranquilicos, y dando un paseo nos volvimos para casa de Rubén; que aún quedaba el domingo por delante.

Una respuesta a “Viaje a Zúrich”

  1. [...] Con el domingo se terminaba el fin de semana, y mi visita a Zúrich. Como el sábado ya habíamos visitado el centro, el domingo Rubén me llevó por los cerros de Zúrich, a disfrutar de las vistas panorámicas de la ciudad, que ofrece la compleja orografía del terro en el que se encuentra (Aunque a cambio de eso, por ejemplo, producen la mayor parte de la electricidad que consumen mediante centrales hidroeléctricas…) Después de desayunar y salir de casa, cogimos un autobús urbano que nos llevó a la zona de Waid, desde la que se disfruta de una bonita vista de Zúrich; aunque el día estaba un poco nublado y no acompañaba mucho para hacer fotografías. Después de dar una vuelta por allí, nos volvimos a bajar para el centro, buscando la estación de trenes; a cuya puerta empieza una concurrida calle comercial (Creo que por aquí se rodó alguna película de las de Bourne). Cogimos un tren, que nos llevó, subiendo una pequeña montaña hasta la zona de “Uetliberg“, otra de las montañas que rodean Zúrich, esta vez por el oeste. Fuimos dando un pequeño paseo por un bosque hasta que llegamos a un restaurante y una torre mirador que hay. Aproveché para subir a la plataforma triangular para obtener otra fotografía panorámica; esta vez de 360°, y luego al bajar, como ya era hora aprovechamos para comer. Estábamos en la terraza, casi terminados, cuando tuvimos la mala suerte de que empezó a llover, con todo el revuelo que se montó. Aunque teníamos un paraguas y no nos estábamos mojando, mucha gente se levantó para ir dentro, los camareros iban y venían sin parar; al final nosotros también nos tuvimos que mudar. Un pequeño follón. Cuando ya terminamos, nos volvimos, desandando el camino para llegar a la estación de trenes y volver a Zúrich, y como la hora de salir se acercaba, nos pasamos por casa de Rubén recogí mi equipaje, y me fui para no llegar tarde y poder volverme a Dresde. [...]

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