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Trujillo

Trujillo
El pasado mes de septiembre, aprovechando la boda de Chema y Mónica en Don Benito, y puesto que era mi primera vez en Extremadura y que no conocía nada, me fui un par de días antes para hacer turismo. El jueves salí temprano de Martos y llegué a la hora de comer a Don Benito, así que después de descargar las cosas, salí para Trujillo.
Buscando aparcamiento, no sé muy bien cómo, llegué hasta la plaza Mayor de Trujillo, con unas vistas impresionantes de la estatua de Pizarro, la Iglesia de San Martín y unas casas porticadas, rodeado de muchos edificios de época. Unas vistas impresionantes. Seguí callejeando hasta que pude aparcar y volví hasta la plaza para empezar a dar una vuelta por la ciudad. Llegué temprano y la oficina de turismo (Situada en la misma Plaza Mayor) estaba todavía cerrada, pero en cuestión de 15 minutos la abrieron, me dieron un pequeño plano y algunas indicaciones para recorrer la ciudad.
Justo al lado está la Iglesia de San Martín, una iglesia gótica con unos retablos y capillas muy interesantes.
Desde allí fui andando hacia la parte superior, callejeando y pasando junto a hoteles de época, la Torre del Alfiler donde hay un centro de interpretación, y llegué a la Iglesia de Santiago, donde ya no hay culto, bastante pequeña y con la reproducción de una habitación de época.
El castillo de Trujillo, de época musulmana y obras posteriores cristianas, los muros, las torres en muy buen estado de conservación. Dentro se puede visitar una pequeña capilla y sobre todo pasear por la parte superior de los muros, que nos dan una idea de cómo eran las fortalezas medievales españolas.
Al bajar llegué a la iglesia de Santa María la Mayor, es una iglesia que llama mucho la atención por su torre románica. De corte románico, el retablo del altar mayor es sencillamente espectacular. Se puede subir a una de las torres campanario y en la sacristía hay una pequeña colección de orfebrería.
Detrás de la iglesia está la casa museo de Pizarro, un pequeño palacete; en la parte inferior hay algunas casas con muebles de época y en la parte superior unos paneles narrando las primeras fases de la conquista de América, la historia de Pizarro y algunos objetos de época (telas incas, espadas, armaduras, etc.).
Y ya, con el Sol poniéndose, fui deshaciendo el camino buscando la Plaza Mayor, cuando me encontré con el Palacio de Orellana Pizarro, convertido ahora en el Convento del Sagrado Corazón, con un patio porticado renacentista muy bonito.
Pero sin lugar a dudas, lo mejor es sencillamente pasear por Trujillo y encontrarse poco a poco con las casas y palacios medievales, antiguas propiedades de aquellos españoles que acuciados por la pobreza que encontraban aquí decidieron ir a América a abrirse un futuro mejor, muchos no encontraron más que miseria, pero unos pocos consiguieron triunfar y volver a España para construir sus suntuosos palacios.
Una ciudad muy histórica.

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