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Que no Desciendan las Tinieblas

Que no Desciendan las Tinieblas
Estas vacaciones me leí «Que no Desciendan las Tinieblas«, una novela de historia ficción, del escritor estadounidense «Lyon Sprague de Camp» (conocido por sus libros sobre Conan), del año 1939.
El protagonista es Martin Padway, un arqueólogo que a finales de los años 30 se encuentra excavando en Roma, cuando de repente al volver a su hotel, se ve golpeado, despertando en la Roma del siglo VI; sin más pertenencias útiles que unas pocas monedas de plata (menos mal que en la época aún circulaba la plata; a día de hoy ni siquiera eso funcionaría), y su ingenio debe sobrevivir.
Con sus rudimentarios conocimientos de latín, consigue hacerse entender por bárbaros, comerciantes y banqueros para emprender su primer negocio: Una destilería de brandy, con el que consigue hacer su primer negocio. Consciente de la época a la que se ha desplazado, decide hacer todo lo imposible por evitar que caigan las tinieblas sobre el mundo occidental, intentando preservar el conocimiento de la época: «inventa» la imprenta así como el telégrafo inalámbrico; en un convulso mundo, «amenazado» por un lado por las tropas de Belisario enviadas por Justiniano y por las intrigas palaciegas de los monarcas ostrogodos. Debido a sus conocimientos técnicos y a su buen conocimiento de la historia (lo que hace que muchos lo vean como un mago), consigue llegar a ser cuestor del monarca Thiudahad, teniendo aún más poder para intentar conseguir sus objetivos.
Una entretenida novela de ciencia ficción – ucronía; a mí me enganchó especialmente la primera mitad de la novela; si bien la segunda me parece un poco más liosa; pero muy original en su planteamiento y desenlace. Una novela que inspiró a Harry Turtledove

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