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El Olivo

El Olivo
Esta semana estuve viendo “El Olivo”, una película dirigida por Icíar Bollaín el pasado 2016. Protagonizada por Anna Castillo (ganadora de los premios Goya como mejor actriz revelación en la pasada edición de los premios).
Alba (Anna Castillo) es una joven del levante español alegre y despreocupada que hace la vida normal de las chicas de su edad, pero preocupada por el alzheimer de su abuelo, que ella achaca a la pérdida de su más preciada pertenencia: un olivo centenario (según la película milenario), que la familia vendió en los años de la burbuja económica; por lo que decide emplear una lucha al más puro estilo de D. Quijote contra los molinos para conseguir devolver el olivo a su abuelo.
La película es la excusa que usa la directora para arremeter contra la crisis, sus protagonistas y sus actores: frente a una visión tradicional y conservadora del abuelo, que decide no otorgarle ningún valor material al olivo centenario, prefiriendo conservar el olivo como bien inmaterial antes que venderlo y enfrentarse a la posibilidad de perder el dinero y el árbol. Los hijos están decididos a hacer dinero en metálico para emprender uno de tantos negocios que surgieron al calor del crédito fácil, sobornos a las autoridades. El tío, otro de los protagonistas de la historia es un camionero también engañado y en una situación económica comprometida por las deudas en las que se comprometió durante todos los años de la burbuja. Una película con un fuerte trasfondo político-económico, que caracteriza las películas españolas de los últimos años, mezclado también con crítica social.

2 respuestas a “El Olivo”

  1. 03 Mar 2017 a las 1:10 am grendizer

    El cine español actual no es más que una maquinaria de propaganda política (por supuesto sólo de izquierdas) a cambio de suculentas subvenciones a costa del contribuyente, le guste la película o no, y que luego tendrá que volver a pagar en taquilla si quiere verla. Cine de ricos haciéndose los pobres.

  2. 03 Mar 2017 a las 4:54 pm josera

    Sí; es muy triste el desprestigio actual que ha conseguido el cine español. Se han centrado demasiado en llenarlo de contenidos políticos olvidando el fin principal del cine: entretener, convirtiéndolo en una herramienta de adoctrinamiento.
    Y por supuesto las subvenciones a manos llenas tampoco obligan a que los cineastas se preocupen por ofrecer productos de calidad a los espectadores.
    ¿No es más triste aún que llevaran el “No a la Guerra” en las ceremonias a los Goya en España, pero no se atrevieran a hacerlo en los Óscar de Estados Unidos?

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