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El Escorial

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Estas vacaciones de Navidad, entre Nochebuena y Nochevieja, aprovechamos unos días libres para hacer una pequeña escapada: Escorial, Segovia y Ávila.
La primera parada fue El Escorial, así que tras reservar alojamiento, el viernes 28 bien temprano cogíamos el coche, desayunábamos en Casa Ignacio y salíamos rumbo a Madrid por la autovía. Sin volver a parar llegamos directamente al pueblo de San Lorenzo del Escorial, dejamos el coche en el parking del hotel Don Jaime, una antigua casa rehabilitada como hotel, acogedora, cómoda y con un servicio muy atento.
Desde allí directamente bajamos la calle (unos 200 metros) para llegar al Palacio. Vimos el centro de información para turistas y nos fuimos directamente a hacer la pequeña cola que había en la puerta lateral. Pagamos la entrada, pasamos el arco de detección de metales y ya estábamos dentro.
Desde las galerías laterales, fuimos caminando hasta que salimos al patio principal y vimos anunciada la Biblioteca por dónde empezamos la visita. Poco puede decirse de la que quizás sea la sala más conocida del palacio, quizás junto con el Panteón Real. Biblioteca donde se encuentran escondidos tesoros, como los libros de Diego de Villalta, re-descubiertos a principios del siglo XX y reeditados hace 40 años.
Desde allí seguimos la visita por unos patios y claustros que nos llevaron a la primitiva capilla del palacio, salas de pinturas donde pudimos disfrutar de pinturas hasta del Greco.
Continuamos por las dependencias reales, la sala donde dormía Felipe II, con vistas directas a la Iglesia e incluso su cama. Salimos a la Iglesia paseando por sus naves, de donde volvimos a salir al patio principal.
En las criptas se encuentran enterrados los infantes, principesco y reyes de España desde el siglo XVI, siendo la sala más conocida el Panteón Real, donde faltan Felipe V y Fernando VI, y que además se encuentra lleno, ya no quedan más féretros vacíos donde presumiblemente deberían descansar D. Juan Carlos I y Doña Sofía.
Visitamos la última ala que nos quedaba, la de los Borbones que adecuaron parte del palacio a sus gustos, más recargado, lleno de tapices a finales del XVIII y principios del XIX.
Al salir del edificio nos quedaba aún por visitar los pequeños jardines que rodean por un lateral el Palacio, y que nos dieron la idea de comprar unas Camelias para ponerlas en macetones en la casa.
Tras pasar toda la mañana en el palacio y quedar sin palabra al contemplar todo en detalle nos fuimos a comer a un restaurante que está al cruzar la avenida con tráfico, un sitio turístico y para gente de paso, donde matamos él hambre.
Como anochecía temprano, nos fuimos para el hotel para deshacer las maletas y descansar un poco antes de salir a cenar. Dimos una vuelta por el pueblo aprovechando que con las Navidades habían puesto un Belén enorme en el pueblo para ir a tomar algo a una cafetería antigua que nos recomendó el dueño del hotel.
Y antes de volvernos al hotel como no podía ser menos, una visita nocturna al Escorial por fuera para poder hacer alguna fotografía nocturna. No sé cuándo volveremos a tener la oportunidad de visitar esta tremenda obra de arte y testigo de la historia.
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