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Ávila

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El penúltimo día del año llegamos por fin a Ávila, último destino de nuestro viaje; la ciudad de las murallas infinitas y los chuletones de ternera como no hay otros iguales.
Llegamos a la ciudad poco antes de la hora del almuerzo, entramos ya por la carretera que llega desde Segovia y tiene a su izquierda un bonito mirador de toda la ciudad, en la que ya destacan las murallas que rodean toda la ciudad y su catedral fortificada que la hace parecer un castillo.
Cruzamos la muralla por una de las puertas que da acceso al casco antiguo y conseguimos aparcar el coche justo al lado del hotel y a menos de 100 metros de la catedral. Increíble que siendo una capital de provincia no tenga problemas de tráfico ni de aparcamiento.
Cogimos la habitación del hotel, un antiguo palacio del siglo XVI, completamente restaurado y en la Plaza de la Catedral. Todo un acierto. Como era tarde decidimos quedarnos a comer en el hotel. Otro acierto. Como no podía ser menos, pedimos sendos chuletones de ternera. Y el hotel nos puso el vino. Sabia decisión. Salimos del hotel a dar una vuelta con 300 gramos de carne de ternera de primera calidad en el estómago; así que nos pusimos a dar una vuelta por la ciudad; era ya tarde y hacia fresco por lo que mucho comercio estaba cerrado; empezamos bajando por las calles que hay junto a la muralla; vimos el parador de turismo y otros edificios hasta que llegamos al convento de Santa Teresa, que entramos a visitar.
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Tras salir, seguimos paseando hasta llegar a la Diputación; donde entramos para ver un Belén que anunciaban, para llegar luego hasta las plazas céntricas del pueblo donde está todo el comercio y el movimiento de gente. Incluso salimos de las murallas para llegar hasta la Plaza de Santa Teresa, donde pudimos ver una rondalla, la iglesia De San Pedro y por supuesto aprovechar para comprar unas yemas.
Volvimos dentro de la protección de la muralla para ya volver al hotel a cenar y descansar un poco. El 31 temprano nos levantamos y fuimos directamente a visitar la Catedral de Ávila, una auténtica joya barroca, con sus peculiaridades como todo el ábside construida con piedra roja lo que le da una tonalidad particular. También en las diferentes fases de la construcción del edificio y de apogeo y crisis de la historia de la ciudad. También pudimos ver la tumba del presidente Suárez.
Antes de que se nos hiciera mucho más tarde cogimos el coche y salimos rumbo a Martos. Teníamos aún una Nochevieja que celebrar.

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