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Blog personal de José Ramón Martínez Pérez.

17 octubre, 2020
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Un paseo por las estaciones de Metro de Moscú

Moscú es quizás la única ciudad del mundo donde uno de sus atracciones turísticas son las estaciones de Metro. No conozco ninguna otra ciudad donde no se recomiende visitar el metro, más allá de su utilidad como medio de transporte rápido y eficiente.

En el tiempo que pasamos en Moscú, nosotros visitamos las siguientes estaciones:

  • Plaza de la Revolución con sus estatuas de bronce de 1938
    Estación de metro Plaza de la Revolución de Moscú
  • Elektrozavódskaia, con sus huecos grabados de mármol alegóricos al trabajo y al nuevo hombre comunista
    Estación de metro Elektrozavódskaia de Moscú
    Estación de metro Elektrozavódskaia de Moscú
  • Komsomólskaia; quizás una de las más fotografiadas, con sus mosaicos alegóricos a la historia de Rusia.
    Estación de metro Komsomólskaia de Moscú
    Estación de metro Komsomólskaia de Moscú
  • Prospekt Mira de 1952 y sus alegorías a la agricultura soviética.
    Estación de metro Prospekt Mira de Moscú
    Estación de metro Prospekt Mira de Moscú
  • Novoslobodskayacon unas vidrieras iluminadas artificialmente
    Estación de metro Novoslobodskayacon  de Moscú
    Estación de metro Novoslobodskayacon  de Moscú
  • Park Kultury con relieves de mármol de la juventud ideal que intentaba modelar los soviéticos.
    Estación de metro Park Kultury de Moscú
    Estación de metro Park Kultury de Moscú
  • Kievskaya con mosaicos alegóricos de la historia rusa.
    Estación de metro Kievskaya de Moscú
    Estación de metro Kievskaya de Moscú

15 octubre, 2020
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Greyhound

Greyhound. Cartel de la Película

Greyhound ha sido una de esas películas que se han estrenado este atípico año del 2020 y que no nos hemos atrevido a disfrutar en el cine; aunque desde luego hubiera merecido la pena.

Protagonizada por Tom Hanks; en el papel del capitán de barco Ernest Krause, que al mando de un destructor de la clase Fletcher, encargado de proteger un convoy aliado desde los Estados Unidos hasta el puerto de Liverpool.

Cerca de las costas de Estados Unidos y de Inglaterra, los convoyes estaban protegidos por la fuerza aérea a bordo de sus hidroaviones Consolidated PBY Catalina; pero estos aviones no tenían autonomía suficiente para hacer todo el trayecto entre Europa y América; lo que dejaba una zona en el centro del Atlántico norte sin protección aérea: eran los destructores (y más adelante los portaaviones de escolta) los responsables de defender a los cargueros y transatlánticos de los ataques alemanes.

La técnica usada por Alemania en la Batalla del Atlántico fue la conocida como «manadas de lobos»: los submarinos patrullaban la zona de tránsito en el Atlántico y cuando descubrían un convoy radiaban la posición y el rumbo a sus compañeros para acudir a la cacería; mientras seguían el convoy a distancia.

En ese contexto histórico se desarrolla la historia; justo cuando el capitán Krause recibe el mando de su nuevo y flamante destructor, tras una pequeña formación en el Caribe pasa a la crueldad del Atlántico Norte, el USS Keeling que custodia un convoy junto con otros dos destructores británicos. Los destructores son barcos ligeros, rápidos y maniobrables que les permiten mientras acompañan a un convoy poder moverse entre la cabecera y la cola del convoy protegiendo y haciéndose cargo de cualquier potencial amenaza.

Y justo tras dejar atrás la protección aérea; detectan un submarino a unas pocas millas del convoy, que maniobrando hábilmente consiguen hundir con cargas de profundidad; pero eso es solo el comienzo de unos tres días terroríficos: donde las explosiones de los cargueros surgen de repente en medio del convoy con torpedos lanzados por los submarinos en inmersión sin aviso ni detección previa. Una auténtica locura, que hace que Krause no tenga ni un momento de descanso moviéndose continuamente de proa a popa buscando y cazando las lecturas que le da el sonar y el rádar.

Una película intensa agobiante con un cazador misterioso que apenas si se hace ver; quizás en algunas escenas demasiado kamikaze y obvio; pero algo de propaganda tiene que haber en esta película. De todas formas una muy buena película bélica y marinera.

10 octubre, 2020
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Modo retrato con móviles y cámaras

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Modo retrato con un iPhone 11

Ahora que me he hecho con un iPhone 11; es el primer móvil que tengo con doble cámara y «modo retrato»; una simulación que hacen los móviles actuales desenfocando el fondo. (Lo que viene llamándose «enfoque selectivo»)

Usando la doble cámara; pueden calcular el objeto en primer plano, medir la distancia de enfoque y aplicar una máscara al fondo; para ello suelen usar el mismo concepto que el que usan los «telémetros»; algo tan antiguo que ya se usaba en la I Guerra Mundial; antes de que existiera el radar para hacer la dirección de tiro. Y la clave para obtener un buen resultado con los telémetros ópticos: cuanto mayor sea la distancia de los puntos de observación; más precisa será la medida de la distancia.

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Fotografía del mismo objeto tomada una DSLR, Pentax k7 con un 50 mm. y f/1.7

Así pues; el teléfono enfoque el objeto con las dos cámaras; mide el objeto en primer plano y lo separa del fondo al que aplica una máscara de desenfoque.

¿Problema? Pues que no siempre acierta; en especial con objetos que no se encuentren exactamente en el plano focal; como por ejemplos las orejas en el la fotografía de ejemplo que abre la entrada.

¿Ventaja? Evidentemente la comodidad de poder simular un objetivo de una gran apertura focal llevándola continuamente en el bolsillo en cualquier momento, sin tener que llevar nada de sobre peso.

Y es que a día de hoy la ciencia avanza una barbaridad.

6 octubre, 2020
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Cuarto día en Moscú

Moscú. Parque de Kolómenskoye

El cuarto día; después de haber visitado lo que considerábamos imprescindible en Moscú; según la guía que llevábamos nos fuimos a visitar el parque de Kolómenskoye; un enorme parque situado sobre un cerro elevado en la orilla del río Moscova, fue la residencia de los antiguos príncipes y zares rusos antes de mover la capital a San Petersburgo. Por ese motivo algunas antiguas construcciones y palacios de madera se han perdido; conservándose algunas iglesias de esta época.

Sin embargo, desde la época soviética y tras el colapso de esta, se han reconstruido muchas construcciones de maderas y trasladado otras tradicionales de toda Rusia.

El parque es enorme; entramos por la reconstrucción del palacio del Zar en madera; pasamos por unos huertos de manzanos; llenos de familias moscovitas cogiendo frutas y luego llegamos a una sucesión de iglesias ortodoxas, rodeadas de pequeños cementerios.

Al salir del parque nos encontramos con unos quiosco con comida, y allí paramos a comer. Tuvimos un pequeño percance con la tarjeta de debido; que se cayó dentro de un entarimado; ente dos tablones que ni hecho a propósito; pero que arreglamos por teléfono.

Nos volvimos a coger el metro; pasando por unos bloques de pisos grises, y desde allí nos fuimos hasta la Plaza Roja de nuevo. Si el día anterior habíamos cogido la lujosa calle Tverskaya, hoy cogimos una calle más turística y con edificios más bajitos: la calle Arbat; tras pasar las oficinas de Aeroflot; cogimos la calle peatonal; llena de gente paseando y con comercios más turísticos y más asequibles. Un enorme retrato del mariscal Zhukov preside la calle en un tramo; justo encima de un Starbucks.

Llegamos al final de la calle Arbat; presidida por uno de los rascacielos de Stalin: Este está ocupado por el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso.

Allí encontramos tiendas y restaurantes y compramos algo ligero antes de volvernos para el hotel.

El lunes 16 se acababa lo bueno: Teníamos que coger el vuelo de vuelta a Madrid, con Aeroflot. Cogimos un taxi que nos llevó hasta el aeropuerto de Sheremetievo. Pasamos rápido el control de pasaporte y a las pocas horas (unas 5) estábamos ya en Madrid de vuelta. Cogimos el coche del parking de larga estancia y rumbo a Martos; a descansar un poco antes de volver al trabajo.

28 septiembre, 2020
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El Hombre Tranquilo

Cartel de la película: El Hombre Tranquilo

Aproveché un par de huevos en casa para ver «El Hombre Tranquilo«, todo un clásico de John Ford de 1952.

Protagonizada por John Wayne en el papel de Sean Thornton; un hombre tranquilo que vuelve a su pueblo natal de Innisfree en Irlanda tras haber emigrado a Estados Unidos y hacer fortuna.

Al llegar decide comprar su casa natal a Sarah Tillane(Mildred Natwick), la terrateniente que se reparte las propiedades del pueblo casi a medias con Will Danaher (Victor McLaglen); de hecho fastidia el trato que Will estaba haciendo con la solterona Sarah.

Sin embargo para aumentar el embrollo, Sean se enamora de la hermana pelirroja de Will, Mary Kate Danaher (Maureen O’Hara). Sean hace lo imposible para convertirla en su esposa, con la ayuda del párroco católico (había otro párroco protestante casi sin fieles) del pueblo y del pintoresco Michaleen Flynn (Barry Fitzgerald

Unas costumbres que aunque tradicionales, hacen que Sean pierda en más de una ocasión la paciencia; aunque casi siempre controlándose por sus recuerdos de su vida anterior.

Una película entretenida; que refleja una Irlanda de principios del siglo XX completamente idílica y sin conflictos, prospera y añorada quizás por tantos emigrantes que se abrieron camino duramente en los Estados Unidos en este pasado siglo; y donde John Ford se encarga de mostrar su maestría, independientemente de la temática que toque.