30 marzo, 2026
por admin
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Para celebrar el día de San José decidimos hacer una excursión “geológica” y visitar la «Geoda de Pulpí”.
El municipio almeriense de Pulpí está ya casi en el límite con la provincia de Murcia y hace unos 20 años un grupo de espeleólogos aficionados descubrieron casi por azar la geoda más grande del mundo, que se encuentra en una antigua mina en explotación desde el siglo XIX.
Lo primero al llegar al pueblo fue pasarnos por una exposición permanente de minerales fosforescentes que tienen preparada, junto a una muestra de un pintor local, Pedro Antonio Martínez. Nos fuimos a comer a una zona de restaurantes, junto a la playa; como buena zona del poniente almeriense el turismo es clave en la economía de la zona y todo está muy bien preparado y orientado con muchos locales de ocio y restaurantes.
Por la tarde teníamos la sesión para entrar a la mina; nos acercamos con la coche y tienen un edificio de cristal como centro de visitantes con la tienda de recuerdos y desde allí se organizan los grupos junto con un guía que entran a la mina.
La mina es curiosa de recorrer, y cómoda. Con luz eléctrica por todo el trayecto, varios corredores que siguen la mina de metal (se explotaba hierro) por donde se iba quitando el material y formándose las grutas. Hay afloraciones de muchos minerales, casi todos desconocidos para mí y muchos cristales de yesos, en uno de los cuales fue donde se formó la geoda.
Hay varios niveles para subir y bajar hasta llegar a la geoda, aunque nada preocupante. Lo más complicado es una escalera de caracol de 2 ó 3 pisos de altura.
Puedes meter la cabeza dentro de la geoda y en posición acostado boca abajo, puedes contemplarla durante unos minutos, con la supervisión de la guía. Siempre sin tocar e intentando hacer el mínimo daño posible a los cristales de yeso, y es curioso ver los cristales de yeso bajo la iluminación.
Tras salir de la mina y como aún era buena hora, nos alargamos con el coche a visitar la última atracción turística de la zona: el Castillo de San Juan de los Terreros.
Es un castillo muy moderno, del siglo XVIII, lo cual le da una apariencia muy diferente a la idea que uno tiene de un castillo; era en realidad una plataforma artillera para defender la costa, construido en época de Carlos III, incluso llegó a ser un cuartel de Guardia Civil en los años 40.
Y después, otras tres horitas de coche de vuelta a casa.