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Blog personal de José Ramón Martínez Pérez.

17 octubre, 2020
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Un paseo por las estaciones de Metro de Moscú

Moscú es quizás la única ciudad del mundo donde uno de sus atracciones turísticas son las estaciones de Metro. No conozco ninguna otra ciudad donde no se recomiende visitar el metro, más allá de su utilidad como medio de transporte rápido y eficiente.

En el tiempo que pasamos en Moscú, nosotros visitamos las siguientes estaciones:

  • Plaza de la Revolución con sus estatuas de bronce de 1938
    Estación de metro Plaza de la Revolución de Moscú
  • Elektrozavódskaia, con sus huecos grabados de mármol alegóricos al trabajo y al nuevo hombre comunista
    Estación de metro Elektrozavódskaia de Moscú
    Estación de metro Elektrozavódskaia de Moscú
  • Komsomólskaia; quizás una de las más fotografiadas, con sus mosaicos alegóricos a la historia de Rusia.
    Estación de metro Komsomólskaia de Moscú
    Estación de metro Komsomólskaia de Moscú
  • Prospekt Mira de 1952 y sus alegorías a la agricultura soviética.
    Estación de metro Prospekt Mira de Moscú
    Estación de metro Prospekt Mira de Moscú
  • Novoslobodskayacon unas vidrieras iluminadas artificialmente
    Estación de metro Novoslobodskayacon  de Moscú
    Estación de metro Novoslobodskayacon  de Moscú
  • Park Kultury con relieves de mármol de la juventud ideal que intentaba modelar los soviéticos.
    Estación de metro Park Kultury de Moscú
    Estación de metro Park Kultury de Moscú
  • Kievskaya con mosaicos alegóricos de la historia rusa.
    Estación de metro Kievskaya de Moscú
    Estación de metro Kievskaya de Moscú

6 octubre, 2020
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Cuarto día en Moscú

Moscú. Parque de Kolómenskoye

El cuarto día; después de haber visitado lo que considerábamos imprescindible en Moscú; según la guía que llevábamos nos fuimos a visitar el parque de Kolómenskoye; un enorme parque situado sobre un cerro elevado en la orilla del río Moscova, fue la residencia de los antiguos príncipes y zares rusos antes de mover la capital a San Petersburgo. Por ese motivo algunas antiguas construcciones y palacios de madera se han perdido; conservándose algunas iglesias de esta época.

Sin embargo, desde la época soviética y tras el colapso de esta, se han reconstruido muchas construcciones de maderas y trasladado otras tradicionales de toda Rusia.

El parque es enorme; entramos por la reconstrucción del palacio del Zar en madera; pasamos por unos huertos de manzanos; llenos de familias moscovitas cogiendo frutas y luego llegamos a una sucesión de iglesias ortodoxas, rodeadas de pequeños cementerios.

Al salir del parque nos encontramos con unos quiosco con comida, y allí paramos a comer. Tuvimos un pequeño percance con la tarjeta de debido; que se cayó dentro de un entarimado; ente dos tablones que ni hecho a propósito; pero que arreglamos por teléfono.

Nos volvimos a coger el metro; pasando por unos bloques de pisos grises, y desde allí nos fuimos hasta la Plaza Roja de nuevo. Si el día anterior habíamos cogido la lujosa calle Tverskaya, hoy cogimos una calle más turística y con edificios más bajitos: la calle Arbat; tras pasar las oficinas de Aeroflot; cogimos la calle peatonal; llena de gente paseando y con comercios más turísticos y más asequibles. Un enorme retrato del mariscal Zhukov preside la calle en un tramo; justo encima de un Starbucks.

Llegamos al final de la calle Arbat; presidida por uno de los rascacielos de Stalin: Este está ocupado por el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso.

Allí encontramos tiendas y restaurantes y compramos algo ligero antes de volvernos para el hotel.

El lunes 16 se acababa lo bueno: Teníamos que coger el vuelo de vuelta a Madrid, con Aeroflot. Cogimos un taxi que nos llevó hasta el aeropuerto de Sheremetievo. Pasamos rápido el control de pasaporte y a las pocas horas (unas 5) estábamos ya en Madrid de vuelta. Cogimos el coche del parking de larga estancia y rumbo a Martos; a descansar un poco antes de volver al trabajo.

24 septiembre, 2020
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Excursión a Montefrío

Vista de Montefrío. Mirador de National Geographic

Cuando llegó el otoño pasado, para el primero de Noviembre, después de tantos viajes, se nos ocurrió hacer una pequeña escapada a Montefrío.

Montefrío saltó a la fama hace algunos años por un reportaje que le dedicó National Geographic, y lo nombraba como uno de los pueblos del mundo con mejores vistas (cómo puede verse en la fotografía que acompaña este artículo)

Alguna vez que otra me había escapado o había pasado por Montefrío con la moto, pero la verdad es que nunca había parado en el pueblo para pasar el día. Nosotros con bastante tranquilidad, después de desayunar cogimos el coche y nos fuimos para el pueblo por Alcalá la Real. No nos costó mucho aparcar y fuimos paseando hasta la plaza del pueblo, cerca De la Iglesia que parece una copia del Panteón de Agripa. En concreto es la Parroquia de la Encarnación y que llegamos con hora de visitarla por dentro.
Interior de la iglesia redonda de Montefrío: Parroquia de la Encarnación.

Tras visitar la iglesia fuimos a almorzar a un bar cercano y tras coger fuerzas subimos hasta el cerro cercano, donde está el antiguo castillo y otra iglesia. Junto al Castillo hay unos interesantes murales con fotografías del coro de la Catedral de Granada que narra la toma de Montefrío en la Guerra de Granada.

Vista General de Montefrío

Dimos una vuelta por el castillo, disfrutando de las vistas del pueblo antes de volver al llano y coger el coche para ir al famoso mirador de National Geographic.

Lo último que nos quedaba por visitar en el pueblo era el convento franciscano; el convento de San Antonio; con una bella portada del siglo XVIII, que actualmente se encuentra parcialmente desacralizado siendo usada por el ayuntamiento las dependencias del convento (que no de la Iglesia) para hacer bodas civiles.

Convento de San Antonio en Montefrío

Y ya anocheciendo nos volvimos para la casa con muy bien saber de boca, tras ver la cantidad de cosas que hay para visitar en este pequeño pueblo de Granada. Todo un tesoro escondido tan cerca de casa.

11 septiembre, 2020
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Tercer día en Moscú: Monasterio de Novodevichi y Parque Gorki

Monasterio de Novodevichi

Después de haber visitado la Plaza Roja (de día y de noche); el Kremlin, el museo de la Cosmonáutica y haber paseado por el centro de la ciudad; la guía nos recomendaba visitar el Convento de Novodévichi.

El día amanecía un poco nublado y empezaban a notarse que bajaban las temperaturas; pero cogimos el metro y en unos pocos minutos nos encontrábamos en las cercanías del convento; aunque había bastantes obras; tanto en las calles adyacentes, como dentro del propio convento.

Tras cruzar unas enormes puertas; entramos en un gran recinto donde había muchas iglesias, y algunas timbas; algunas con andamios y otras abiertas al culto y al turismo.

Junto a los muros del convento está el enorme cementerio que tiene el mismo nombre y por el que los turistas tienen que pagar entrada. Muchos personajes famosos del último siglo están enterrados en este relativamente moderno cementerio moscovita.

Cementerio de Novodevichi

Las afueras del monasterio están bañadas por un lago y con un buen parque lo que lo convierte en un lugar popular para fotografiar bodas; así que nosotros también aprovechamos para hacernos nuestro pequeño reportaje «casero»

Comimos en un restaurante por la zona y desde allí con la ayuda del Metro nos fuimos al popular Parque Gorki; curiosamente desde el metro hasta el parque tuvimos que cruzar un gran puente de acero de la época soviética bastante antiguo aunque bonito.

En el parque paseamos entre diferentes parterres, fuentes, entradas monumentales y tomamos una merienda en un quiosco donde vendían churros con chocolate (churros rusos, debidamente escritos en cirílico).

A la salida del Parque vimos una galería de pintura; que por la hora ya estaba cerrada; pero en las afueras había muchos artistas que aprovechaban los visitantes de la galería para comprar alguna pintura. Nosotros también quisimos traernos un recuerdo y compramos una pequeña acuarela.

Y de vuelta al hotel; aprovechamos para hacer un par de paradas intermedias en otras estaciones de metro que aún no habíamos visitado:

Novoslobodskayacon unas vidrieras iluminadas artificialmente

Park kultury con relieves de mármol de la juventud ideal que intentaba modelar los soviéticos.

Kievskaya con mosaicos alegóricos de la historia rusa.

Estación de Metro de Kievskaya

5 septiembre, 2020
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Buick de 1927

Buick de 1927

Saliendo con la bici en dirección a Fuensanta me encontré con este flamante Buick de 1927 aparcado frente a un taller en Martos.

Había escuchado mucho hablar de este coche; que pertenece a un vecino de Albendín y lo usan y alquilan para bodas y actos similares.

Toda una proeza de la técnica de su época; un coche lujoso y caro; y aún más complicado que haya conseguido sobrevivir hasta nuestros días. Un coche que en su época costaba la nada desdeñable cantidad entre 10000 y 20000 pesetas de la época; dependiendo del motor que montara (4 ó 6 cilindros) y de la carrocería.

Un jornal de la época estaba rondando las 3,5 pesetas diarias y un salario de un trabajador de banca en Madrid rondaba las 100 ó 200 pesetas.

Es decir; más de 100 mensualidades para poder ahorrar el dinero que costaba en la época. Más o menos, el equivalente a un Mercedes clase S de ahora.

Amablemente el propietario me enseñó el coche en detalle y respondió a mis preguntas: el coche no tiene batería y arranca por palanca; hay que echarle un suplemento con plomo al combustible; y al no tener matrícula histórica sino convencional debe pasar la ITV; aunque con la normativa que aplicaba en 1927; con especial cuidado a las ruedas de palo; muy frágil; y que si se rompieran; tendría que ir a un carpintero más que a un taller mecánico; u el consumo en carretera abierta; pese a no pasar de 60 km/h es realmente alto.

Todo un objeto de coleccionismo para cualquier aficionado la mecánica.