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El Puerto: Segundo día


El viernes amanecimos como pudimos en el hotel, después de la resaquilla del jueves. Después de mucho dar vueltas, y pensárnoslo bien, al final decidimos ir para la playa, parando antes en el primer chiringuito que nos encontramos para tomarnos una cervecilla.
En la playa intentamos no quemarnos, porque desde luego éramos los que estábamos más blancos (o fosforecentes) en la playa. Después de darnos un par de chapuzones y llenarnos de arena, decidimos que el mejor sitio para estar era el chiringuito y quitarnos de problemas, así que nos fuimos al más cercano, nos apalancamos en una mesa y a beber cerveza y comer, que no estaba la cosa para pasar fatigas: Unas sardinitas y un poco de arroz, y de postre, helado, por supuesto.
Como no estábamos en condiciones de hacer mucho más, nos fuimos al hotel, a echar una siestecilla y luego a la piscina del hotel, algo más civilizado y desde luego, con menos arena. Por último cuando nos entró hambre, no nos quedó más remedio que arreglarnos e irnos a buscar algo de alimento. Lo más socorrido fue buscar algo por el Paseo Marítimo y justo cuando parecía que se estaba acabando, allí entramos: queso, jamón, y por supuesto peces de diferentes formas y colores.