En estos días de calor y confinamiento perimetral; donde no se recomienda salir mucho y menos aún lejos de la casa; el pasado sábado se nos ocurrió a un sitio que frecuente en mi infancia y que gracias a la bici de montaña he seguido visitando de forma esporádica: la cabecera del Pantano de Las Casillas del río Víboras.
Hace muchos años; aprovechando el cortijo que tenía Alonso por la zona y veníamos aquí con las bicis; antes incluso que construyeran el pantano a finales de los años 90; incluso jugábamos al «béisbol» con palos y pelotas de tenis.
Al final, convencí a Sandra y llevando unos refrescos y bocadillos en unas mochilas; nos fuimos en coche hasta el Pantano y luego andamos un ratillo por la ribera del pantano hasta llegar al cauce del río; un sitio más fresco; lleno de árboles y sombras donde poder descansar; refrescarse un poco y relajarse de un pinnic al aire libre.
Y así pasamos el domingo. A falta de playa; río y montaña.