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Blog personal de José Ramón Martínez Pérez.

3 noviembre, 2006
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La Torre Blanca

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Todavía me quedan algunas cosas de contar del último día que estuve en Darmstadt: Después de visitar el Museo del Ferrocarril, me fui a comer a la Mensa corriendo, la verdad es que llegué por los pelos. Allí me metieron en un embolado: Como era el último día que iba a estar por allí querían que organizase una cena, una fiesta o algo, aunque yo no quería, (soy un poco soso), total, que al final me convencieron y quedamos en que cenaríamos en mi casa.
Después aproveché para dar una vuelta por Darmstadt, porque al fin y al cabo, no me quedaba nada por hacer en Darmstadt, me pasé por la tienda de numismática para recoger unas bandejas Lindner que había encargado (En Alemania eran bastante más baratas que en España). Y ya que estaba aproveché y me compré una moneda de 2 Euros conmemorativa de las que me faltan.
Nos quedamos dando una vuelta, con José y Rubén. Curiosamente pasamos por la Torre Blanca de Darmstadt, y me dio una sorpresa al ver que estaba abierta, así que nada, se lo comenté a Rubén y a José y les pareció buena idea, así que subimos a ver la Torre. Las vistas son de lo más interesante, además en todo lo alto había una exposición sobre la historia de la Torre Blanca, desde grabados del siglo XVII, hasta fotografías de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, como quedó en la II Guerra Mundial (completamente destruída por el bombardeo de Darmstadt del 11 de Septiembre de 1944) y la reconstrucción a lo largo de más de 10 años.
Además en la parte baja también habían puesto una exposición de fotografía de un artista.
Después fuimos a una tienda de ropa que está al lado de la Torre Blanca, porque Rubén estaba buscando un traje para hacer unas entrevistas de trabajo, aunque al final lo ví al día siguiente con un traje de su compañero de piso que le venía un poco grande y era de lo más gracioso.
Luego fuimos a la frutería que está también por la zona, que venden mucha fruta y verduras frescas, y además dicen que es bastante barata, porque a Rubén le gustaba comprar allí esas cosas.
Y después para Karlshof, que todavía me quedaba por hacer las maletas y todas esas cosas…

24 octubre, 2006
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Visita al museo del ferrocarril de Kranichstein

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El último día que estuve en Darmstadt hice muchas cosas, tantas fueron que no tuve tiempo de escribirlas, y antes de que se me olviden, más vale que las escriba en el blog.
El día 27 fue miércoles, y los miércoles estaba abierto el Museo del Ferrocarril de Kranichstein. Así que nada, sabiendo que a las 10 lo abrían, madrugué un poco, callejeé y cogí el tranvía enfrente de Karlshof, por donde está el Eissporthalle, donde se puede coger el tranvía 4 ó 5 que te lleva hasta Kranichstein. La parada fin de línea es además la estación de trenes de Kranichstein, lugar donde también está el museo.
La verdad es que cuando llegué no había nadie en el museo, (a parte de la gente que trabaja allí, claro), pagué la entrada (creo que fueron 4 ?) y un hombre vino conmigo para enseñarme el museo.
Dentro de la caseta del museo tienen algunas piezas como señales de vías, una colección de gorras, uniformes (hubo alguna época en que militarizaron el cuerpo), billetes, máquinas de imprimir billetes y demás cosas auxiliares de los ferrocarriles.
La primera pieza que tienen es una locomotora desmontada en el que se ve el mecanismo de la máquina de vapor.
Luego se entra a una zona que está vallada y donde hay que entrar con la compañía de la gente del museo.
Allí es donde tienen las locomotoras «aparcadas». Al entrar tienen un puente que gira y por el que pueden sacar las locomotoras que tienen en exposición, allí tienen una locomotora eléctrica, que el hombre me explicó un montón de cosas, pero sólo me enteré que eran muy diferentes a las actuales por el tipo de motores (tensiones, trifásicas, y cosas de esas), allí también tenían algunas de carbón, por ejemplo tenían una que era capaz de alcanzar los 120 – 150 km/h. ¿La forma de alcanzarlos? Haciendo las ruedas más grandes, porque se ve que no podían hacer que el motor de vapor directamente diera más revoluciones.
Tenían también algunas locomotoras de gasoil, etc.
Luego tenían una nave donde también tenían muchas locomotoras de vapor, tenían una que era muy curiosa: Era una locomotora alemana de la I Guerra Mundial que cosa de las alienzas entre países, fue a terminar a Turquía (aliada de Alemania en la I Guerra Mundial), la locomotora estaba abierta porque la estaban arreglando y había un dibujo grabado con forma de media luna y la fecha de 1967, fecha de la última reparación en Turquía. Es decir, que estuvo más de 50 años en funcionamiento, y eso que la locomotora sólo alcanzaba 60 km/h.
Tenían también una locomotora de vapor de la II Guerra Mundial que funcionaba con petróleo, es decir, en vez de quemar carbón quemaban petróleo, y medían la capacidad en metros cúbicos: el depósito tenía una capacidad de 12 metros cúbicos: 12.000 litros de capacidad. Y es que este procedimiento no será muy efectivo.
Tenían también una locomotora de vapor de los años 50, el canto del cisne de las locomotoras de vapor.
Una locomotora muy interesante que tenían era de Austria de finales del siglo XIX (creo que era la más antigua del museo) que tenía dos calderas: La locomotora tenía dos mecanismos: Una para circular por vías normales y una segunda para circular por vías de montaña (ferrocarriles de cremallera)
Tenían también una locomotora de los años 40-50 de gasoil desmontada. Al verlo, el motor me recordó mucho al motor del submarino que sale en la película «Das Boot» (película muy recomendada). Así que le pregunté y me lo confirmó: eran el mismo motor (o parecidos): motores MAN, como los camiones de hoy en día, pero de hace 50 años.
Luego fuera tenían más locomotoras, aunque estas estaban ya más arrumbadas y olvidadas: locomotoras eléctricas, de gasoil, distintos tipos de vagones, muestras de cabrón, ruedas de trenes, etc.
Y cuando ya ví todo el museo, me volví para Karlshof, que todavía me quedaban muchas cosas por hacer, que era el día que iba a terminar mi Erasmus.
Y por supuesto, todas las explicaciones del museo fueron en alemán…

16 octubre, 2006
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Buenas noticas

Ya tengo los resultados del último examen que hice en Darmstadt, el de VLSI, y ha habido suerte, he aprobado, en concreto el corro que me han mandado dice lo siguiente:

Hallo Jose,

in VLSI hast du eine 3.0 bekommen. Leider ist die Klausur sehr schlecht
ausgefallen, du hattest noch das beste Ergebnis.

Dejo la traducción para el lector, que a mí me da risa…
Ahora sólo queda esperar la nota del curso de VHDL, que me manden las calificaciones y hacer las convalidaciones… ?Que follón!

1 octubre, 2006
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La Orangerie

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El martes aprovechando que no tenía nada que hacer me pasé por la Orangerie, unos jardines que estan en Darmstadt a un par de kilómetros del centro (ya se sabe que las ciudades alemanas suelen ser muy extensas porque no construyen más de 2 ó 3 alturas).
Para ir sólo hay que coger la línea del tranvía 3 (que va a Lichtenbergschule), aunque yo fui con la bicicleta.
Los jardines son de principios del siglo XVIII y también hay un palacio. En un principio estaba sólamente abierto para los duques aunque a principios del siglo XIX lo abrieron para el resto del pueblo.
Después de la II Guerra Mundial la Orangerie se estuvo utilizando como teatro hasta que finalizaron el teatro de la ciudad en los años 70.
El parque está bastante bien y tiene lo que tiene un parque, sus fuentes, sus surtidores de agua, sus planticas de colores, zonas para jugar a la pelota, zonas de paseo.
En fin, una exursión bastante entretenida.
Después me volví para el centro que tenía interés en visitar un monumento que vi al volver del castillo de Frankenstein que estaba en medio de un parquecico.
Resulta que el monumento era un recordatorio de la caballería de Darmstadt que participó en la I Guerra Mundial (cuando todavía era un Duque el que gobernaba Darmstadt) y luego también la ampliaron como recordatorio de la caballería que participó en la II Guerra Mundial.
Había cosas curiosas, en los laterales tiene un jinete y en el centro un pebetero sujetado por varios cráneos de caballos. En la parte trasera había una placa de bronce con la lista de las batallas en las que participaron. En fin, bastante curioso.
Y luego de vuelta a casa, aunque haciendo fotos por el camino, que había que aprovechar.

30 septiembre, 2006
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Cena de despedida de las italianas

P9246720 Bueno, me había quedado contando cosas por el domingo por la tarde, despues de Worms. Cuando llegamos de Worms yo estaba medio muerto, después de hacer tantas cosas y todo el día de turismo por ahí estaba que no podía con el alma, así que tenía pensado llegar a casa, ordenar un poco las fotos y escribir algo en el blog. Pero no, al final salió plan alternativo: Luisa (la italiana) me dijo que si me apuntaba a ir a cenar al «Kartoffelhaus«, y claro, yo que me apunto a un bombardeo, no tardé en decir que si, que por supuesto. Así que al final a la cena nos apuntamos ciento y la madre, Jordi (I y II), Noel y la novia, clan Italia, Rubén y su amigo, Ignasi (el nuevo), Yannick, y algún alemán acoplado que le apetecería practicar castellano, o algo así. Eva incluso nos bajó en coche al centro desde Karlshof, que apañada, ji, ji, ji, (Que cara más dura tengo, siempre aprovechándome de la gente). Ahora, eso si, se puede decir que estas italianas se han despedido y bien, es que no paraban de organizar cosas… Y después de comer nos volvimos para casa temprano, que a mí el lunes me tocaría un día de papeles intensos: Fui a la secretaría de Karlshof para que me informaran de lo que tenía que hacer para dejar el piso y cuándo lo debería hacer, fui a la secretaría de Elektrotechnik para pedir un certificado de las notas y vi que me faltaban 4 asignaturas por poner, así que me tocó hacer una ronda por los departamentos para darle la brasa a los profesores para que me pusiesen las notas en las actas, aproveché para pasarme por una tienda de numismática para preguntar unas cosillas, etc… En fin, rematando los flecos que me quedaban.