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Blog personal de José Ramón Martínez Pérez.

13 septiembre, 2016
por admin
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El Jarama

El Jarama
Hace poco me terminé de leer «El Jarama«, una novela de Rafael Sánchez Ferlosio, ganadora del Premio Nadal de 1955 y publicada en 1956.
Perteneciente a la generación de escritores de los años 50; Sánchez Ferlosio retrata en esta novela de corte realista un domingo cualquiera en el Jarama, donde acuden numerosos madrileños para refrescarse y escapar de la capital.
Al calor de un merendero vemos como llegan un grupo de jóvenes, algunos en bicicleta y sólo una pareja afortunada en moto con las meriendas; compran un poco de vino y se bajan al río para pasar el día; bañándose, jugando y haciendo demás cosas típicas de juventud.
Mientras tanto en el merendero van llegando los típicos parroquianos; que entretienen sus días conversando, jugando; vecinos de la zona, hortelanos, todos disfrutando de su día de descanso; así como familias completas llegadas de Madrid que acuden al merendero.
El relato discurse entre conversaciones normales y corrientes, del día a día entre los diferentes grupos de amigos; retratando la sociedad de la época, sus usos y costumbres; la guerra civil aún era un recuerdo cercano para estos jóvenes, y la posguerra aún rondaba el ambiente: los coches no estaban a la orden del día y el que tenía una moto tenía que darse por afortunado.
Una interesante novela; reflejo de una época, con una narración, novedosa y amena; que nos mete en la historia a través de conversaciones mundanas y sin mayor trascendencia.
Tuve la suerte de que buscando un poco por Internet, conseguí una segunda edición de la novela, contemporánea por tanto de la publicación de la novela original; y me resultó curiosa comparar este libro de 1956 con otro de 1962; perteneciente ambos a la misma editorial (Destino) y a la misma colección (Áncora y Delfín); pese a la buena confección de ambos libros, la encuadernación y la calidad del papel del ejemplar del Jarama es mucho peor que la del ejemplar de «Muerte por Fusilamiento», sin lugar a dudas los años de la autarquía aún pesaban sobre las imprentas y el material al que podían acceder para publicar los libros.