14 años han pasado desde que Pérez Reverte publicó la última entrega del Capitán Alatriste, «El Puente de los Asesinos«; esta vez las aventuras de Capitán y de su fiel pupilo Balboa, convertido ya en correo de Su Majestad el Rey Felipe IV, son llamados a París, donde participan en algunas reuniones, junto con Francisco de Quevedo y su compañero Sebastián Copons; y sobre todo con el Conde de Gaudalmedina, que es el que lleva la voz cantante de los negocios. Sin explicar claramente la misión, Quevedo si que se da una vuelta por las librerías y grabadores de París donde compra unos grabados de Francia para usarlos como mapas y entender bien el asedio de la Rochela, adonde serán mandados. Y por supuesto, Pérez Reverte aprovecha este libro para mezclar a sus personajes con uno de sus ídolos: los mosqueteros de Alejandro Dumas, donde empiezan con pie regular y el propio Alatriste se ve metido en un duelo con Athos, del que consigue salir no muy mal parado. Poco a poco se va viendo el desenlace de la misión: Aprovechando el sitio de la Rochela, Alatriste, junto con algunos herejes de la Rochela, tienen que secuestrar al Cardenal Richelieu, el primer ministro francés, al servicio del Rey, y contraparte del Conde-Duque de Olivares; que pretendía elevar a Francia a la categoría de la primera potencia europea, a costa de España. De ahí una misión secreta, entre protestantes sitiados y españoles, buscando cada uno sus propios intereses. Como siempre, no todo sale como estaba planeado, e incluso Alatriste tiene que tirar de antiguos favores para salvar el pellejo. Aún recuerdo con cariño, cuando en el Colegio Mayor en Granada, varios compañeros buscábamos y esperábamos con avidez los lanzamientos del Capitán Alatriste, que leíamos junto a las columnas semanales en la prensa. Una novela entretenida y ligera, de aventuras y sobre todo en las que Pérez Reverte deja fluir libremente sus pensamientos y gustos; en este caso homenajeando a su admirado Dumas.
Misión en París
29 octubre, 2026
