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Blog personal de José Ramón Martínez Pérez.

18 enero, 2020
por admin
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Monte Saint Michel

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Después de hacer la pequeña parada no programada en las zonas del Desembarco de Normandía de 1944, cogimos la carretera y recorrimos los 130 kilómetros que separaba de nuestro próximo destino y donde haríamos noche: El afamado Monte Saint Michel. El Monte Saint-Michel es una antigua abadía, actualmente de estilo gótico, erigida en un pequeño promontorio en el estuario del río Couesnon, con la particularidad que se convierte en una isla con marea alta y se queda unida al continente con marea baja (unida a través de un fondo marino de barro y lodo). Habíamos reservado el hotel dentro del propio recinto del Monte Saint-Michel que tiene acceso restringido, debido a la alta afluencia de turistas: Es uno de los monumentos más visitados de Francia (como comparación, recibe más visitantes que la propia Alhambra de Granada). Tras dejar el equipaje nos fuimos hacia la isla, cuando cogimos un autobús que cubre el trayecto que va desde el continente hasta el pie de una isla a través de un pequeño puente que han construido para simplificar el acceso a la isla. Como el acceso depende del estado de las marreas, varias tablas informan de la hora de las mareas, altas, bajas, muertas y vivas. Llegamos justo cuando estaba subiendo la marea, e increíblemente rápido el agua entraba por las explanadas que rodean las playas de la isla hasta como vimos con nuestros propios ojos como se quedaba aislado del continente con el agua convirtiéndose en una isla. Entramos dentro de la isla, y empezamos a callejear y subir hasta llegar a la propia abadía, coincidiendo con la celebración de la vigilia del Sábado Santo, quedándonos a misa y viendo la ceremonia que organizaron; para intentar volvernos al hotel a cenar. Importante, no olvidar que los horarios de almuerzo y cena en Francia es mucho más temprano que en España. El Sábado Santo nos levantamos temprano y cogimos uno de los primeros autobuses, una vez reabierto el acceso a la isla; esta vez decidimos ir andando hasta la isla, para ir disfrutando de las vistas; para llegar a la isla, y callejar; esta vez por otras partes, las propias del pueblo que hay dentro de la isla; los bares, pequeños museos y tiendas orientadas al turismo; así como incluso algún pequeño apartamento que quizás se pueda encontrar en Airbnb. Interesante fue cuando encontramos la parroquia del pueblo; también dedicada a San Miguel; pero que no hay que confundir con la abadía: La abadía era para los monjes; y la parroquia para el pueblo. La parroquia es muchísimo más pequeña que la iglesia de la propia abadía, con su propio cementerio junto a la Iglesia.

Y antes de que se nos hiciera muy tarde; volvimos al coche y camino a nuestro próximo destino: Saint-Malo.
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