Aprovechando estos días de fiesta, hemos estado viendo la última película de Alex de la Iglesia: Veneciafrenia. Al calor de las noticias que anuncian que en Venecia quieren acabar con el turismo de masas, que incluso la Unesco ya advirtió que estaba poniendo en riesgo la propieda identidad de la ciudad, el director bilbaíno también decidió aportar su granito de arena y rendirle una película con su propio estilo.
Un grupo de amigos españoles deciden viajar hasta Venecia para celebrar la despedida de soltera de una de ellas (Isa, interpretada por Ingrid García Johnsson); nada más desembarcar se encuentran en la puerta de la terminal con una manifestación popular contra los cruceros; cogen un taxi-barca para desplazarse hasta la ciudad, donde ya comienzan los problemas, José (Alberto Bang) se cae al entrar al taxi y debe cambiarse de ropa; además un extraño veneciado disfrazado de bufón, los invita a ver Rigoletto en un teatro; sin embargo desavenencias durante el trayecto hacen que el bufón termine en una boya.
No muy bien atendidos en el hotel, suben a sus habitaciones y se cambian, dispuestos a una noche de fiesta en la ciudad, sin un plan fijo y yendo de garito en garito, a la mañana siguiente en el desayuno, José no aparece. ¿Cosas normales de una noche de juergas o será realmente una desaparición? Una loca aventura en manos de un policía no muy convincente, un taxista local que parece que sabe más de lo que dice, y el bufón que aparece y desaparece mezclado con una red de venecianos acérrimos defensores de la pureza de la ciudad.
Una película loca de Alex de la Iglesia, donde quiere resaltar los peligros del turismo masificado hasta extremos insospechables, aprovechándose también de la locura que todos podemos llevar dentro.