Ahora que todo lo que hacemos en el piso parece que lo hacemos por primera vez, que todo está casi nuevo y a estrenar, casi cualquier cosa que hacemos parece algo nuevo y novedoso. Tener que acostumbrarse a saber dónde se guardan las cosas, incluso buscarle el emplazamiento, más o menos definitivo, todo es novedoso. Como decía García Márquez en 100 años de Soledad:
«El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para nombrarlas había que señalarlas con el dedo»